Capítulo14

2658 Palabras
Mientras tanto: Luego que Reece Morgan en su llegada a Serenity Falls, para Shannon Devereux ha sido un cambió en su vida personal. Por lo que gracias a esa cena que compartió durante la noche del Día de Acción de Gracias que había sido muy raro para él.     Durante esa noche que REECE se despedía de Shannon; él miró el grifo, parcialmente desarmado, con gesto sombrío. Agarró una arandela, la movió de un lado a otro sin convicción y miró el grifo un rato más.      Era capaz de desmontar un rifle a oscuras y montarlo a ciegas en cuestión de segundos. Capaz de desactivar  una bomba lapa con poco más que una navaja y un trozo de chicle, de convertir un tubo dentífrico y un par de horquillas en un arma letal y de encender fuego en medio de una tormenta. Estaba entrenado en diversas artes de combate cuerpo a cuerpo, había atravesado selvas, se había internado en los barrios más peligrosos de varias ciudades y había escapado dos veces tras ser capturado por el enemigo. Su cuerpo guardaba las marcas de los balazos y media docena de cicatrices por arma blanca. Para no hablar del reciente accidente de coche en el que había estado  punto de perder la vida.     Durante los veinte años anteriores, se había sentido un hombre más competente que la media, apto para sobrevivir en las condiciones más hostiles. Pero nunca hasta entonces se había enfrentado al desafío definitivo. Una cosa era mirar a la muerte cara a cara y otra muy distinta  vérselas con un grifo roto.     Frunció el ceño y dio un trago a una cerveza que se fabricaba en la ciudad y que estaba sorprendentemente rica. Se suponía que un hombre tenía que ser capaz de dominar su entorno. Era una de las cosas que distinguía a los seres humanos de los animales. La culpa era de la tecnología. Un par de milenios atrás, habría podido construirse una cabaña en medio de la naturaleza, habría matado a un mastodonte o dos para cenar y se habría sentido tan contento consigo mismo. Pero en los tiempos modernos, los hombres tenían que comprender los entresijos de la fontanería antes de dominar su propio hogar.     Prefería enfrentarse al mastodonte.     El sonido del timbre le brindó la oportunidad de batirse en retirada sin perder la honra.Nadie podía pensar en arreglos de fontanería cuando llamaban a la puerta, se dijo. Se dirigió a la entrada con decisión, dispuesto a olvidarse de arandelas, juntas y demás zarandajas.     Frank- Reece se alegró sinceramente de saludar su amigo. Desde su encuentro el Día de Acción de Gracias hacía unas semana, había pensado en llamarlo en más de una ocasión, aunque al final no  hubiera llegado a hacerlo. Le gustó que Frank hubiese tomado la iniciativa-. Pasa.     -Espero no interrumpirte-dijo su amiga-. Si estás ocupado, no tienes más que decírmelo.      -Lo cierto es que tenía una cita con mi destino, pero acabo de cancelarla- Reece cerró la puerta después de invitarlo a entrar.     -Me encanta cómo te está quedando-comentó Frank tras examinar el salón, donde una pila de cajas de cartón obstaculizaban el acceso al sofá y la montaña de bolsas negras de basura llegaban a la mitad de la ventana.     -Se trata de un estilo nuevo de decoración basado en la acumulación de escombros. El último grito en la Costa Este.     -Entiendo el éxito: es barato y lo puede hacer cualquiera con un mínimo de habilidad.     No te dejes engañar por la sencillez aparente- advirtió Reece-. He tardado tres duras semanas en conseguir este efecto.     -Apuesto a que sí- Frank miró en derredor-. ¿Se te ha ocurrido sacar toda esto de casa en algún momento?     -Mañana sin falta- contestó Reece de inmediato, y Frank soltó una risotada.     -hace un par de años ayudé a mis padres a limpiar la casa de mi tía abuela Josephine. Creo que no había sacado la basura desde los tiempos de Truman.     -Me da que mi abuelo tenía la misma pasión por este tipo de coleccionismo- dijo Reece al tiempo que se encaminaba a la cocina-¿Una cerveza?     -Sí, por favor-Frank hizo un gesto de aprobación al ver la marca de la botella-.      Buena cerveza. Conozco el tipo que la hace, Larry Lebowitz. Iba a mi clase en el instituto. Un genio de los ordenadores. pensaba que lo contraría alguna empresa grande y no volvería a saber de él. Estuvo unos años en San Francisco y volvió con un amigo, compraron una lavandería y la transformaron en una fábrica de cerveza. Todos pensamos que se les había ido la cabeza, pero salieron adelante...¿Necesitas ayuda?-preguntó tras dar un sorbo, al ir a dejar la botella y ver el montón de piezas sueltas del rifo encima del lavabo.     Reece consideró sus opciones: podía rechazar la ayuda de Frank como un machote o dejar de lado su orgullo y confiar en que su amigo supiera de verdad cómo hacer encajar todas esas piezas.     -¿Sabes algo de grifos?- preguntó por fin, decantándose por un término medio entre responder con una negativa y suplicarle que le echara una mano.     -Te recuerdo que tengo una ferretería-contestó Frank-.¿Cuál es el problema?     -Creo que el problema principal es que no sé qué demonios estoy haciendo- reconoció Reece, esperanzado con la perspectiva de ver arreglado el grifo-. Lo he desarmado yo sólito, estupendamente, pero estoy seguro de que al principio no había tantas piezas como ahora.      -No eres un genio del bricolaje, vamos- Frank sonrió.     -Mi concepto del bricolaje se reduce a descolgar el teléfono para llamar el administrador de mi portal-Reece tentó a su amigo-. Una caja entera de cerveza si consigues poner todas las piezas.     -Acepto el soborno- contestó Frank-. Pero creo que habría accedido por una caja de seis- añadió al tiempo que se remangaba la camisa y empezaba examinar las partes.     -No me importa ser generoso en casos de urgencia-contestó Reece.     Apoyó una cadera contra la encimera y observó a Frank trabajar, apartar algunas piezas y sacudir la cabeza un par de veces mientras desmontaba los desaguisados de Reece.     -¿De verdad que nunca has pensado en ganarte la vida como fontanero?- bromeó. Frank mientras separaba dos piezas que no debían de tener nada que ver la una con la otra.     -De vez en cuando. Pero, de momento, me contengo.     -Un detalle de tu parte, porque un fontanero con discapacidad mental para leer las instrucciones de un grifo puede armar un desastre monumental.     -No sé qué dices de discapacidad mental. Con lo bien que se me da abrir las chapas de las botellas...dijo Reece justo antes de terminarte la cerveza.     Pensó en tomarse otra, pero decidió que era demasiado pronto para la segunda. Echó la botella a la bolsa de basura de los vidrio y volvió a apoyarse en la encimera mientras Frank trabajaba.     El sol entraba por la ventana de encima del fregadero. El día anterior había llovido, desafiando los pronósticos meteorológicos que habían anunciado cielos despejados. La ventana daba a la casa de Shannon y también los pensamientos de Reece se encaminaron en esa dirección.     La había visto varias veces en la última semana, pero no habían hablado. Solía salir por la mañana cuando él estaba por su segunda taza de café. Desde el porche, la miraba montarse en un coche rojo a juego con su cabello hasta que arrancaba y se iba. Tenía que reconocer que lo intrigaba. Y no solo por influía en su libido.     -¿Conoces a Shannon hace mucho?     -Lo mismo que todos, supongo-contestó Frank sin mostrar sorpresa alguna por la pregunta-. Era amigo de Johnny Devereux antes de que se casaran.     -¿Está casada!-exclamó Reece.     -Viuda-dijo Frank-. En agosto hizo tres años que Johnny murió.     Reece trató de añadir esa nueva información a la idea que se había formado de su bonita vecina.     -Es muy joven para ser viuda-dijo al cabo de unos segundos.     -Sí, fue una tragedia- Frank asintió con la cabeza mientras unía dos piezas con un rápido giro entre dos dedos-. Solo llevaban unos meses casados. Johnny era bombero y ella trabajaba como secretaria en una clínica ontológica. Un día llamaron a unos cuantos bomberos para ayudar a sofocar un incendio de los Ángeles, uno de esos en los que se necesita contar con unidades de todo el Estado. Cuando parecía que ya lo estaban controlando, empezó a soplar el viento y Johnny y otro compañero se quedaron atrapados entre las llamas. No se pudo hacer nada por salvarlos.     Reece sintió que el estómago se le revolvía solo de pensarlo.     -¡Qué muerte más horrible!-comentó, conocedor del estado en que podía quedar un cuerpo quemado.     -Sí. El otro aguantó un par de días, pero al final...-Frank dejó la frase en suspenso y siguió manipulando el grifo-. Me sorprendió que Shannon se quedara en la ciudad. Había venido hacía unos meses nada más y, con la muerte de Johnny, pensé que vendería la casa y se marcharía, pero dos meses después compró la tienda..., Colchas Celestiales, y ahora esta pronto de inaugurar El Mansíón Silverado Trail, en Napa Valley, nuevo centro vacacional de los Duke y joya de la corona de su imperio hotelero, nueva inversión para la cadena de las pequeñas y grandes empresas generadas por sus Tienda de Colchones y Edredones en sociedad con Brandon Duke, otras ganancias  y nuevos retos.- especificó al ver la cara de Reece.     -¿Tiene una tienda de colchas y va pronto inaugurar El Mansíón Silverado Trail, en Napa Valley, nuevo centro vacacional de los Duke y joya de la corona de su imperio hotelero, con Brandon Duke!?- preguntó él, nuevamente desconcertado.     -Las colchas en sí no.Lo que vende es la tela para hacerlas. Y su nueva apertura de Inversiones en Sociedad con Brandon Duke.     -¿Hay personas que hacen colchas?- Reece se imaginó a un grupito de ancianitas  encorvadas, cuchicheando mientras se dejaban los ojos con las agujas-. ¿Suficientes para sacar adelante un negocio solo de eso?     -Sí. La gente viene desde los Ángeles para comprar en su tienda. Es raro, porque hay muchas allí mismo, pero hacen el viaje entero como si fuese una especie de peregrinaje- contestó Frank-. Cuando compró la tienda, le dije que estaba loca. Pero se limitó a sonreír y contestó que así tendría algo con lo que entretenerse. Así que Kelly mi esposa y yo la ayudamos a poner en marcha el negocio. Y está siendo todo un éxito. No es conformista , con eso sino le gusta trabajar de lleno en sus negocios, no lo hace para hacerse rica, sino para entretenerse de lo cuál le ha generado beneficios todos los meses, que es más de lo que pueden decir los dueños de la mayoría de las empresas pequeñas.     De modo que la vecina de las piernas interminables era una empresaria de éxito. Le costaba encajar esa idea con una persona que se plantaba en casa de un desconocido para invitarlo a desayunar solo con tal de dar en las narices a una vecina entrometida. Por otra parte, no cabía duda de que tenía don de gentes y habilidades sociales, se dijo mientras recordaba como había evitado que estallara una guerra por los restos de un pavo la semana anterior.     Era curioso: al verla salir por la mañanas, había dado por sentado que se dirigía a una oficina, no a dirigir su propia empresa.     Era evidente que todavía tenía mucho que aprender de aquella vecina temporal.          -Ohmm, ohmm, ohmm...     Shannon sonrió mientras Kelly repetía el mantra.     -Suena como si estuvieras echando una carrera. Tengo entendido que lo suyo es ir despacio. Vamos, me parece que los monjes  no hacen apuestas a ver quién llega antes a la meta.     -Eso es porque no tienen que vérselas con Edith Hacklemeyer- ruñó Kelly-,¿Sabes lo que acaba de decirme?     -Tratándose de Edith, me creo cualquier cosa.     -Me ha dicho que las rubias de bote son vulgares-Kelly se pasó una mano por la cabeza-. Yo no me tiño el pelo.     Shannon disimuló una sonrisa. Era típico de Edith. No había llegado a decir que Kelly  se teñía, de modo que sus palabras no podían tomarse como una observación personal. Si Kelly decidía tomarse como tal lo que no era más que un comentario general, no era culpa de Edith.     -No me lo tiño- repitió Kelly, a la que no le hacía menor gracia la cara de chiste de Shannon.     -Te creo-contestó esta- .Pero no puedo dejar de admirar la habilidad que esa mujer tiene para insultar a la gente sin llegar a dirigir un insulto. Reconócelo, tiene talento.     -Pues solo tiene talento para eso-murmuró Kelly antes de apartarse de la mesa de cortar cuando Edith se aproximó con media docena de rollos en los brazos.     Shannon puso la mejor de sus sonrisas.     -¿Has encontrado lo que querías?     -Después de muchas vueltas- refunfuñó Edith-. La mayoría de las telas son demasiado brillantes y chillonas. No entiendo por qué no tienes un muestrario con tonos más suaves y de mejor gusto. Tú no te acordarás, claro, pero los que hacíamos colchas en los setenta recordamos las telas de calicó de entonces  con nostalgia.     Shannon mantuvo su sonrisa a pesar de las críticas. La mayoría de los clientes que tenía agradecía la amplia selección de telas que ofrecía y se referían a los años setenta como la edad oscura de las colchas.     -Es cuestión de modas, como en todo. Ahora se llevan los colores alegres.     -Chillones- rezongó Edith.     -Bueno, me alegra que al final hayas encontrado algo que le gusta-dijo Shannon mientras desenrollaba una de las telas sobre la mesa-. ¿Cuánto quieres de esta?     -Dos metros de cada-contestó Edith.     Kelly miró la selección de telas y puso cara de espanto. Shannon tuvo que contener las ganas de echarse reír. Ella solía alabar la elección de sus clientes. Por una cuestión de buenos modales y porque era bueno para el negocio. Pero había que reconocer que Edith lo ponía difícil. Debía haber rebuscado mucho para encontrar seis telas tan tristonas y apagadas. Sueltas, en contraste con otras más vivas, habrían servido para descansar la vista y dar riqueza a la colcha;pero todas juntas parecían viejas antes de salir de la tienda. Sin embargo, la regla de que los clientes tenían la razón debía seguir imperando, por muy mal gusto que tuvieran.     -¿Otra colcha con cabañas de madera?- preguntó Shannon mientras media la tela. Que ella supiera, todas las colchas de Edith tenían cabañas de madera como motivo.Hacía doce colchas con cabañas de madera al año, la una menos inspirada que la anterior , y las donaba todas a un asilo de mujeres. Shannon intentaba admirarla por sus obras benéficas, pero no era fácil.     -Sí, para esas pobres mujeres. Creo que es importante hacer lo que está en mi mano por quienes llevan una vida desgraciada. Sigues haciendo descuento en la tela para obras benéficas,¿verdad?     -Por supuesto.     Kelly carraspeó disgustada, aunque quizá se había aclarado la garganta nada más. Shannon decidió concederle el beneficio de la duda. En cualquier caso, siguió atenta a la tela . Echarse a reír mientras cortaba no era lo más seguro para su integridad física.     -Dos metros de la verde también-Edith señaló el rollo de tela como si Shannon necesitara ayuda para distinguir entre verde y rosa-. Tengo entendido que tratas a Morgan- añadió de repente.     -Se pasó a cenar el Día de Acción de Gracias- reconoció Shannon.     -No me gusta meterme en la vida de los demás - arrancó Edith, y Shannon estuvo tentada de contestarle que para no gustarle, ponía mucho empeño-.Pero me siento obligada a darle un consejo.     -No es necesario, de verdad-contestó ella, a la sabiendas de que no serviría de nada.     -Eres demasiado joven para recordar a Reece Morgan. Bueno, cuando vino la primera vez, no vivías aquí; pero si hubieras vivido en Serenity Falls, habrías sido demasiado joven para recordarlo.
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