-Tal vez no sepa con quién estás tratando -dijo una mujer rubia a la recepcionista. Muy cerca, un hombre elegantemente vestido daba golpecitos en el suelo con el pie, impaciente. Kelly había reconocido el sonido en cualquier sitio. Era Frank, por supuesto. Al obsérvalo recordó que el más mínimo inconveniente podía sacarlo de sus casillas. La primera señal de advertencia era los golpecitos con el pie. El resto del grupo de Frank también estaba en el vestíbulo, diez o doce hombres de negocios y varias mujeres, esperando para registrarse. Sharon, la recepcionista sonrió cálidamente. -Somos muy conscientes de quién es el señor Hempstead. Es un honor darles la bienvenida.Nos complace que su empresa haya escogido nuestro hotel para su conferencia. Hemos instalado al señor Hempstead en Sa

