Tiffany estaba tan mojada, rosada y lista para él. Su pene saltó al verla, queriendo enterrar cada centímetro de su interior y follársela tan fuerte que se marcaría para siempre en el interior de su coño. Por otro lado, Brent sabía lo que estaba a punto de hacer y estaba haciendo algo muy mal, pero en el fondo no podía detenerse. Rápidamente movió sus muslos para que descansaran sobre sus anchos hombros, abriéndola de par en par para él. Sus talones se clavaron en sus omóplatos mientras sus dedos apretaban las sábanas de la cama. Todo en ella era tan embriagador, su aroma a fresas y vainilla, que le hacía querer devorarla entera. La miró a la cara, sus miradas se encontraron, llenas de la misma pasión y perdidas. Parecía que había una especie de conversación entre ellos. Sonrió y se i

