Despierto un poco desorientado y con la garganta ardiendo trato de incorporarme con algo de dificultad. escupo un poco de agua y observó mi alrededor.
Estoy en la orilla del maldito río que casi me mata. Y recuerdo a la perfección la pelea con Sukney aún que fue un sueño no dejo de sentirme extraño.
Por la manera en que pelié. ¿De dónde salió esa fuerza y rapidez? No lo entiendo.
Al parecer todos se habían ido y me dejaron aquí a mi suerte... Cuanto se nota lo mucho que les importo.
Llegó hasta la habitación que me dieron pero antes de entrar miro hacia donde está el cuarto de Claris.
Quiero verla... No lo pienso más y camino con paso decidido. Tocó su puerta y espero hasta que abra, pero me llevo una sorpresa al ver quién me abre. No es Claris si no, Salek ¿Que demonios hace el aquí?
— Que hace usted aquí. – Le pregunto, tratando de no sonar molesto, pero en vez de hablar parece que gruñi. ¿Carajo que me está pasando? — Disculpe Evans pero creo que esa pregunta la debería hacer yo. ¿A si que, dígame qué hace usted aquí? – Me voltea la pregunta. Y yo trago para responder. — Yo Solo le iba a preguntar si estaba bien.
— Bueno si as venido a eso. Pues te digo que ella está bien, ahora ya puedes irte. – Me dice Salek. Su tono de voz me hace entender que está molesto. Y la manera de mirarme, como si quisiera matarme, ahora que le hice a este...
— No me iré hasta verla yo mismo.
Le retó se qué hacerlo es un suicidio pero desde que desperté de ese sueño siento que no le temo a nadie, ni siquiera a este ángel.
— ¿Me estás desobedeciendo? – Me pregunta, y veo como sus alas se sacuden ligeramente. Luego su cabello pasa de rubio, a rojo fuego, y brillante.
¡Carajo creo que lo hice enojar!
— Creo que si, – Le respondo desafiante. Y solo basta decir eso para que el me de un buen golpe con una de sus alas... Que me lanza lejos y mi cabeza impacta con el muro.
Pero enseguida me levanto y voy tras el, con una agilidad y fuerza que no conocía en mi, le doy un fuerte puñetazo en su cara que lo hace tambalearse.
— No debiste hacer eso Evans... Ahora pagarás por lo que hiciste. – Cuando está apunto de venir en mi encuentro, aparece Claris interponiendoce, entre nosotros.
— ¡Apartaté! – Grita Salek fuera de sí, — Ya cálmate. – La escucho susurrarle.
— Solo, quítate, de en medio. – La miro desafiante. Pero no movió ni un músculo.
— Déjala, tranquila solo es una humana, o también la quieres golpear a ella. – Le digo. Y camino hacia el, pero Claris me toma de un brazo. Nuestras miradas se encuentran, esa sensación de estar sobre ella me hace olvidar que era lo que iba hacer.
— Estoy bien ya puedes irte. – Me dice ella con voz suave.
Entonces entiendo que yo salgo sobrando. Asiento con mi cabeza, doy media vuelta y los dejo solos.
El estar aquí acostado en este colchón de porquería... Solo pienso en ella, y en qué mierda hacia el ahí con ella.
No se porque no puedo sacarla de mis pensamientos. Carajo que me pasa con ella. Y ahora tengo esta confusión, de como es que ahora tengo este tipo de fuerza sobrehumana.
Un toque suave a la puerta me hace dejar de pensar pendejadas. Y si es el imbécil ese del angelito prometo que me esforzaré por volverlo mierda.
Al abrir la puerta me llevo una gran sorpresa... Quien está en mi puerta no es el si no Claris. Luciendo nerviosa, con su cabello desordenado. Pero siempre hermosa.
Estuve apunto de sonrreirle pero recordé lo que pasó hace unos instantes y mi molestia volvió.
— ¿Que quieres? – Le digo brusco. Ella arruga el entrecejo. — Solo vine a saber cómo te sientes. Yo ví cuando te sacaban del río... Pero como no despertabas ellos te dejaron ahí. Yo, yo, lo siento mucho no quise dejarte en ese lugar pero ello me obligaron a regresar.
Escuchas esas palabras de ella hace que todo enojo se vaya al carajo.
— No te preocupes, tu no podías hacer nada por mi. – Le digo mirándola fijamente. Ambos nos quedamos a si mirándonos por largos minutos hasta que decido romper el hielo.
— Quiero besarte. – De pronto se me escapa eso. Y cuando trato de detener lo que eh dicho ya es tarde... De mis labios a salido lo que mi piel tanto desea.
— ¿Que? – Me pregunta ella algo agitada. Y ya no tiene caso que niegue lo que acabo de decir
— Lo que oíste Claris. Quiero devorar eso labios tuyos. En verdad deseó tanto probarlos. – Le hablo sensual. Y ella sonríe, mierda que linda es.
— Estás loco. Mejor me voy, me alegra ver qué estás bien. – Me dice ella. E intenta irse, pero en un rápido movimiento la tomo de la cintura y la jaló hacia dentro del cuarto. Ella pega un grito de sorpresa, y segundos después está ella pegada a la puerta y yo pegado a su cuerpo. observándola. y detallando sus gestos.
— Su-sueltame, debo irme. Por favor – Me habla nerviosa.
— Claris mírame. – Le ordenó, y ella enseguida me mirá... Buena chica.
— No haré nada que tú no quieras, no debes tenerme miedo porque descubrí que yo jamás podría hacer daño.
Le hablo con toda sinceridad.
Miro sus labios... Y con mi pulgar los delineó, ella entreabre sus labios y yo introduzco mi dedo en su boca... Lo chupa y succiona, lleva sus manos hasta mi espalda y pronto siento sus uñas atraves de mi camisa.
Saco mi debo de su boca. Y juntó mis labios con los suyos, de nuevo esa sensación de cosquilleo se apodera de mi piel. Mi polla brinca emocionada, y quiere salir de su lugar.
Me restriego contra su cuerpo haciéndola sentir lo que ella está provocando. La tomo de las nalgas y la levanto ella enrrosca sus piernas en mi cintura y así continuamos deborandonos los labios.
Dejo de tocar sus nalgas y subo mis manos por sus caderas, abdomen, hasta llegar a sus senos. los tocó y aprieto... — Son perfectos. – Le digo. y ella se sonroja. Mierda que linda se ve sonrojada .
Bajo los tirantes de su blusa y descubro que no lleva nada de bajo. Mierda controlate Evans.
bajo mis labios hasta un de sus senos y comienzo a lamerlo y chuparlo, suave. La escucho gemir y apretar mi espalda.
con mi otra mano pellizco y aprieto su pezón, no demaciado fuerte pues no quiero lastimarla... Solo quiero que disfrute esto tanto como yo