CAPÍTULO DIECINUEVE Avery se hallaba sentada, inclinada sobre el volante de su auto, aún en el estacionamiento de la prisión, destruida, un desastre, una cáscara, lágrimas rodando por su rostro. Sollozos horrendos escaparon de su garganta. En un momento, se sacudió hacia arriba y gritó golpeando el volante. Palabras. Cada vez que oía una de sus palabras, lloraba más fuerte. Abusador. Alcohólico. Asesino. "No, no, no." Se golpeó la cabeza para sacarse las imágenes: su padre en el bosque, arma en mano. El cuerpo detrás de él. Várices. Cabello gris. Ese vestido verde. "Fuera, fuera, fuera, fuera," rogó Avery. Casi lo había olvidado hasta ese momento. Tantos años gastados tratando de olvidar el pasado, escapar de Ohio y borrar su terrible pasado. Con sólo unas palabras, Howard Randall

