—¿Puede arreglarlo? —preguntó Néstor. —¿Es usted el padre? —preguntó el médico. —¡¿Qué carajos tiene que ver eso con su estúpido protocolo?! —le gritó Néstor—. ¡Responda la pregunta! —¿Qué lo causó? —pregunté de inmediato. Necesitaba saberlo antes de escuchar cualquier solución—. ¿Fue mi culpa? —grité. —Existen muchas causas posibles —respondió el médico con calma—. Una infección viral o bacteriana después del nacimiento; un problema del sistema inmunológico, cuando el cuerpo ataca por error el hígado o los conductos biliares… Sentí un leve alivio al escucharlo. —También puede deberse a una mutación genética, es decir, un cambio permanente en la estructura de un gen; a un problema durante el desarrollo del hígado y las vías biliares en el feto; o, en algunos casos, a la exposición a

