Él replicó: —¿Quién dijo que estaba bromeando? Sacudí la cabeza y limpié mis lágrimas; no estaba de humor para él. Estaba agotada y necesitaba desesperadamente una ducha. —¿Y si Julian presenta una demanda contra ti? —preguntó Néstor. —Lo vamos a dejar en la pobreza, igual que él me dejó a mí. No tendrá poder para comprar abogados, jueces, ni siquiera para contratar a uno —respondí. —¿Pero todo esto será justo para el niño? —¿Fue justo lo que él hizo con mi padre? ¿Fue justo que un hombre trabajara toda su vida para que, en el proceso, destruyeran a su hija? ¿Cuál fue mi crimen? ¡Dime qué crimen cometí además de amarlo! —pregunté mientras las lágrimas rodaban por mis mejillas. Para mi sorpresa, Damian se levantó y caminó hacia mí para darme un abrazo fuerte. Me dio unas palmadas en

