capítulo 36

1272 Palabras

Me reí y me tomé una copa de vino, consciente de quién era ella y de lo fácil que había sido hacerla caer en su propia trampa. Para ser honesto, no me sentía culpable, pero le di una lección sobre no remover perros dormidos. —¿Quieres saber algo más sobre Valeria? —le pregunté; parecía muy interesada en ella—. Ella guardó silencio. Permítanme ser claro: Valeria no era interesante en la cama; era ingenua. Me casé con ella virgen y me aseguré de que llorara en nuestra primera noche. Nunca me ha gustado tener sexo con ella —dije mientras me levantaba y me alejaba. Cuando llegamos a Canadá ya era de noche; entramos en el hotel menos eufóricos de lo que habíamos salido de casa. Fiona se disculpó y prometió no volver a sacar a relucir a Valeria, algo en lo que yo no terminaba de creer. Para

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