La semana había pasado rápidamente. Las cosas entre Lily y yo estaban bien, o por lo menos eso esperaba. Habíamos vuelto a la rutina de esperarla en la entrada, darnos un beso que nos duraría hasta el día siguiente, regresar juntos a casa, y esperar paciente a la llamada de las nueve ¡Pero mi maldito ser no me dejaba expresarme! ¡Era frustrante! Quería decirle, quería decirle a Lily, a la desesperante niña que siempre odié, que había ganado su reto, que había logrado que yo, Louis Meyer, esté loca, profunda, perdida y jodidamente enamorado de ella ¡Pero no podía! Era como si tuviera dos personas en mi interior. Una de ellas, la que probablemente era mi corazón, me decía que debía de decirle lo que sentía, que no espere a que los cinco meses se acaben o lo lamentaría. La otra voz, la que e

