Después de que terminara de hacer mi trabajo, aproveché para dar un paseo ya que me moría del aburrimiento. Por un lado Chloe no había vuelto. Y Yanna tampoco estaba sola. Así que no tenía oportunidad de volver a preguntarle absolutamente nada. No sé por cuanto tiempo estuve caminando, maravillada con el bosque. El aroma de las flores era exquisito y la vista ni hablar. Sin embargo, lo que hizo que mi paso se detuviera fue que de repente tuve un lobo inmenso frente a mí. Cada parte de mi cuerpo se tensó bajo esa mirada penetrante y notablemente peligrosa. Reprimí un grito de miedo pensando en que el animal me atacaría enseguida si me escuchaba. Pero el miedo latía dentro de mi pecho. —Hola, lobito. No me hagas daño, por favor... ¿Qué debería hacer en estos caso? No tengo ni la

