—Káiser, quiero pedirte perdón por haber invadido, accidentalmente, tu privacidad —parecía muy sincero, de hecho hasta se notaba nervioso— y por haberte dado una bofetada. —Nunca me habían pegado, no me agradó, no vuelvas a hacerlo y… ¿Qué tanto viste? —casi quedo sin aliento por hablar sin parar. —En la habitación, dejé de ver en cuanto te tocaste la entrepierna —elevé una ceja— en el sótano… —ya sabía que no podía ser perfecto— bueno, Káiser, comencé a ver cuándo te sentaste sobre el dildo y ya luego no pude dejar de mirar lo que hacías… —se sonrojó hasta casi parecer una fresa— Perdón, nunca había visto a una mujer conocida auto-complaciéndose. —¡Ah! por supuesto —exclamé sarcásticamente— ¿preferirías verme en vivo? —¡Káiser! —se sonrojó aún más— no digas esas cosas. —¿Tentado? —tr

