Ginebra desconfiaba de Amelie.

1632 Palabras

El hospital olía a desinfectante, a ese tipo de limpieza que no alivia, sino que inquieta. Tiziano frunció el ceño apenas cruzó la puerta. El ambiente lo fastidiaba, lo ponía tenso. No estaba hecho para hospitales, nunca lo estuvo. Prefería una zona de combate antes que los pasillos silenciosos llenos de batas blancas y rostros preocupados. —Por aquí, señor —dijo una enfermera amable. Tiziano asintió con la cabeza y tomó a Ginebra del brazo con dureza. La ayudó a sentarse en una de las sillas de espera. No dijo nada, pero la preocupación se le notaba en los hombros rígidos. —¿Estás bien? ¿Quieres que pida algo? —preguntó, con voz más baja de lo habitual. —Estoy bien. Gracias por traerme —respondió Ginebra, dándole una leve sonrisa. Tiziano sostuvo su mirada por un instante, intent

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