Los otros hombres al escuchar el nombre de mi padre nos comienzan auxiliar. Los anteriores hombres que habían salido a investigar el perímetro regresan con seriedad. Siento una oleada de tranquilidad cuando reportan que no hay nadie cerca. Uno de los hombres se acerca y me entrega una toalla blanca. Lo miro y asiento agradeciendo. —¿Pero qué les sucedió? —se sienta a mi lado el mismo hombre que afirma ser amigo de mi padre. Cayendo en cuenta donde me encuentro platico abiertamente. Este es un lugar de reuniones para guerrilleros. El nombre de mi padre alrededor de la gente impulsa miedo y respeto. Ellos son guerrilleros, aunque nunca los había visto, adquiero una oleada de seguridad a sus lados. ¿Irónico no? Sentir seguridad de las personas que tanto miedo causan a las poblaciones. —No

