Capítulo 5 - Reclutas

1549 Palabras
Reclutas. Alek Jakov. Dos semanas después de la nueva temporada de debutantes, todo parece estar más tranquilo. Incluso las madres de las señoritas debutantes creen tener asegurado un futuro y un buen esposo, sin embargo los prometidos pueden cambiar o cancelar pedidos de mano.  Nada es seguro con nadie, ni siquiera aunque los sentimientos sean genuinos, esto es como una compra y venta, la mayoría de las veces. Las jóvenes no quieren casarse con cierto hombre porque están enamoradas de otro, pero igual deben hacerlo por brindarles honor a su familias y apellidos.  'Eso tú lo sabes tan bien'  - recuerda mi subconsciente, haciéndome reír, mientras continuo abotonando mi camisa. «Ella no ha dicho que lo ame» - contraataco, como si estuviese hablando con alguien físico, que si existe.  'Es solo cuestión de tiempo para que su madre decida otorgarle su mano al rey' - menciona mi subconsciente, torturándome. «No lo hará, la vizcondesa es diferente a otras madres, no dejará que su única hija sea infeliz» - manifiesto, suspirando en el proceso - «Debo estarme volviendo loco»  'Claro que no, eres un hombre enamorado así que es normal que quieras a toda costa tener a tu dama' - niego y sacudo la cabeza.  No puedo seguir escuchando, tengo trabajo que hacer, sobre todo si deseo darle un mejor futuro a Lorraine.  - Hermano... - canturrea mi hermanita menor, sonrío al verla - ¿Crees que me veo bonita?  - Por supuesto, Alexia - expreso, mientras la veo dar vueltas presumiendo su precioso vestido nuevo.  - Gracias, general... - frunzo el ceño.  Tiene la maña de llamarme así, aun cuando le he dicho que no lo haga. Mi pequeña e ingenua hermana es uno de los tesoros más preciosos que tengo. Es berrinchuda, pero es mi hermana, a quien amo, con el alma, al igual que amo a nuestra madre...  - Alexia... - nombro con advertencia en mi voz.  - Eres el general, es normal que quiera llamarte así, hermano - sonríe y aunque no quiera, dejo pasar por alto su forma de llamarme - ¿Ibas a trabajar? - cuestiona tratando de tomar mis botas entre sus manos. Hace puchero al no poder alzarlas.  - Eso no es para ti y sí, voy a trabajar - dejo saber, levantándome y tomando mis botas, mientras veo con ella infla sus mejillas - Eres pequeña, es normal que no puedas, preciosa.  - Como digas - toma un peine de mi mesa de noche, sube a mi cama y comienza a peinar mi cabello - El general es tan desordenado - ríe burlándose de mí. - ¿Viniste aquí a burlarte? - pregunto girándome para verla, es tan pequeña.  - Mamá, me pidió que te diga que debes bajar a desayunar - su mirada se vuelve triste.  - ¿Qué sucede?  - Mamá dice que vas a casarte y vas a irte. Le dije que tu no vas a dejarnos, pero dijo que estás enamorado, ¿qué es eso, Alek? - pregunta tomando con fuerza las costuras de su vestido.  - Aunque no pase este año, pasará en algún momento - ella suspira - Y... aun eres mi pequeña para saber que es el amor...  - Pero algún día yo también sabre que es y me casaré - arrugo el entrecejo.  - No, eres mi hermana y mientras el que quiera tomarte como esposa no sea digno de ti, no sera nada... - aseguro, tomandola en brazos para bajarla de mi cama - Ve a ponerte zapatillas, dile a mamá que ya bajo - ella asiente y sale de mi habitación tarareando el instrumental de una canción.  Después de pasar por el regaño de mi madre, por alimentarme como es, pude finalmente salir de casa y dirigirme al campamento para los nuevos reclutas, quienes son mi responsabilidad. Habíamos sugerido al rey que sería mejor un nuevo armamento para los reclutas, sin embargo puede que estos tarden más de lo esperado, ya no creo que yo sea del agrado se su Majestad, al estar cortejando a la mujer que al parecer el quiere como esposa.  El campo para el reclutamiento del nuevo ejercito de la corona, es bastante amplio, la arena de enfrentamientos tiene espacio suficiente para un escuadrón de soldados y la mitad de otro, así que tranquilamente mis reclutas ingresan aquí, no obstante el lugar de descanso de los reclutas es muy reducido, la mayoría debe madrugar para llegar aquí y llegan a sus casas muy cansados. No me molestaría que hicieran eso si dieran lo mejor en el entrenamiento y no afectará en su salud, pero lo hace. Así que solicitamos al Primer Ministro de que persuada al rey y acepte cedernos un poco más de los terrenos para más comodidad de todos.  - General, he pasado lista ya de los reclutas... - informa el Coronel, del ejercito.  - ¿Cuál es el resultado, Coronel? - él se aclara la garganta antes de hablar.  - General, señor. Dieciséis de los reclutas han faltado hoy... - golpeo mi puño derecho sobre mi escritorio - General.  - ¿Qué sucedió para que dieciséis de los reclutas faltarán hoy al entrenamiento? ¡Creo, no, sé que fui claro al decir que hoy sería una de las últimas clases de defensa! - exclamo molesto, el hombre frente a mí, traga grueso y vuelve a hablar.  - General, once de los reclutas que han faltado se encuentran resfriados, según el informe medico, ocho de ellos se encuentran graves aún... - me mira, pidiendo permiso para continuar, a lo que accedo - Los otros tres, pidieron permiso para llegar tarde hoy, ya que necesitan terminar de recuperarse y prometieron hacer trabajos para compensar su culpa.  - Dijiste once - él asiente dándome la razón - Entonces, ¿qué ocurre con los cinco restantes?  - Señor... - mira al suelo, dudoso de hablar.  - Dilo que tengas que decir ya.  - Su Majestad, él pidió que cinco de los hombres más avanzados en el reclutamiento fueran trasladados de inmediato al palacio real - anuncia, acercándose para dejar un telegrama que tiene el sello del palacio, sobre mi escritorio. - Así que, su Majestad hizo eso... Esta bien, retírate - él asiente confundido y sale de mi tienda de campaña.  Tomar a cinco de mis reclutas es algo a lo que normalmente se accede cuando el rey ha pedido con anterioridad al general a cargo y le ha dado una razón para aceptar tal pedido, no obstante, el rey, no hizo aquello solo tomo lo que quería sin importarle mi autoridad. Cree que porque es la persona con más poder político después de la Corte Real puede hacer lo que quiera.  Esto no se trata de asuntos exactamente oficiales que tengan que ver con el reino, esta haciendo esto para demostrarme que lo que sea que quiere lo puede tomar, aunque hayan varios obstáculos en el camino, pero yo tampoco pienso rendirme, le daré batalla, hasta que ella decida. El antiguo rey estaría decepcionado de ver como maneja su hijo, las situaciones que se le salen de las manos...  Pido que uno de los oficiales de reclutas ingrese, entonces hablo. - Que los reclutas se preparen. Empezaremos con el entrenamiento - ordeno e informo al mismo tiempo, el oficial asiente y sale corriendo.  Dejo el telegrama de la corona en uno de los cajones de mi escritorio, acomodo mi uniforme y comienzo a caminar hacia la salida, escuchando desde dentro como los reclutas están formándose en sus respectivas filas y columnas. Al salir me coloco en la parte de enfrente, así puedo verlos a todos. - La mitad ustedes, formarán parte del escuadrón de soldados que cuidarán y serán responsables de la vida de nuestro reino.  El orgullo que siento al ver a todos los hombres que ingresaron al igual que yo, como jóvenes y ahora son lo que veo. Hombres de bien, que darían su vida por nuestro reino.  Doy la orden para que el entrenamiento comience. Empiezo a caminar entre ellos y reacción es atacarme, sin embargo la mayoría termina en el suelo. En un instante que me distraigo solo atacado esa la palabra por alguien ajeno a mi pelotón de reclutas... No puedo reconocerlo, ya usa una mascará. - ¡Ayuden al general! - grita quien creo es el mayor oficial. Sin embargo me levanto y les ordeno no interferir.  Todos, absolutamente todos, retroceden y dejan el campo libre para que el extraño y yo podamos tener más espacio sin que nadie salga herido.  - ¿Quién te mando aquí? - pregunto mirándolo fijamente para tratar de descubrir quien es.  - Lowlands debe prepararse. Si un rey cae, el reino también. Sobre todo sino se tiene un heredero - comenta tratando de incrustar su espada en alguna parte de mi cuerpo.  - Eso que dices es imposible, su Majestad tiene quien lo defienda... - él o ella ríe, pero es una risa llena de veneno.  - El patético rey de este remedo de reino, no es nada comparado a mí rey - antes de poder decir algo más, se desmorona en el suelo y de su boca comienza a brotar sangre.  - ¡Llamen a los médicos! - nadie se mueve, obligándome a alzar la voz - ¡Rápido!  - ... 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR