Capítulo 6, ¿De qué circo se escaparía ese payaso?

1300 Palabras
Celeste estaba sorprendida por que al parecer este hombre conocía a su hermana, pero cuando intentó hablar Baltazar, la tomó muy fuerte por los cabellos y con una seña otro hombre se encargó del niño. —Suéltame, imbécil, suéltame. Celeste gritaba por todo el pasillo, Baltazar la llevaba casi a rastras por las escaleras, la sacó de la casa y la lanzó en la maletera del auto. Celeste gritaba, lanzaba patadas a la tapa del vehículo y pedía que le devolvieran al niño, estaba asustada, Pero daría guerra. Baltazar regresó a la casa, ya habían llegado refuerzos, pero al entrar a la habitación se encontró con que Renzo, su mejor amigo y mano derecha se había desangrado, verlo tirado en el piso y con la pata de la silla clavado en la garganta no pudo evitar sentir deseo de acabar con esa mujer, aún creyendo que podía ser Celina, se acercó e intentó ayudar, pero ya era demasiado tarde. Apretó los puños con rabia y gritó. — Limpien todo, no dejen ningún tipo de evidencia— les ordenó a los que venían llegando. Celeste no paraba de gritar y Baltazar ya deseaba callarla, la ira lo estaba haciendo imaginar todos las torturas posibles que usaría para hacer pagar lo que hizo está insípida mujer. Al llegar a su guarida abrió la maletera del carro y la sacó de los cabellos, tenía tanta fuerza que parecía que Celeste pesará lo que un papelito. Celeste vociferaba groserias e intentaba pegarle a Baltazar para que la soltará, la metió en una habitación donde solo había una mesa y una silla. La sentó con brusquedad y dió una cachetada tan fuerte que la lanzó al piso. —Eso es para que te calles, maldit* zorr* y por matar a mi mejor hombre . Celeste tirada en el piso, con la boca rota, por la cachetada que dió Baltazar, se limpió y murmuró. —¿De qué circo se escaparía ese payaso? Baltazar la miró con rabia y la volvió a tomar por los cabellos y la colocó de pie frente a él. —Te escuché y si vuelves a decir una palabra más acerca de mis guardaespaldas te quedarás sin dientes—Sentenció Baltazar con una mirada fría. Celeste intentó hablar, pero él la agarró del cuello e hizo presión y la llevó contra la pared. —Celina sabes que esto que hiciste te costará muy caro. Pero después me arreglo contigo— Le dijo Celina solo para ver su reacción. La soltó y ella cayó al piso tosiendo, él se arregló su ropa y salió de la habitación. Baltazar sintió cosas extrañas al mirar a los ojos a Celeste, ella no tenía miedo y muchos menos la logró intimidar. Desde ese preciso momento esos ojos café se quedaron grabados en su mente. Además de saber que ella no era Celina. —¡Victorino!.—Gritó a otro de sus hombres — Estás a cargo, iré a arreglar todo lo de Renzo, después me arreglaré con esa mujer. Baltazar era un hombre que valoraba la amistad, el quiso a Renzo como si fuera un padre, fue quien le enseñó a pelear y manejar las armas, a leer a las personas, a no confiar nunca en nadie, todo lo que sabía para defenderse se lo enseñó Renzo, además era un hombre fiel. El que hubiera muerto de esa manera le parecía tan absurdo. —¿En serio dejarás a esa mujer tranquila después de lo que le hizo a Renzo y a Angelo? Victorino se sentía molesto por lo que les había pasado a sus compañeros y más por una mujer insignificante. —No entendiste lo que dije, que después me arreglo con esa mujer, mantenla vigilada. Baltazar siguió caminando, sin prestar mucha atención a victorino. Dejó a Celeste al cuidado de un hombre bastante escalofriante, fornido y muy rabioso. Victorino sin dudarlo se metió a la habitación, cegado por la rabia y la impotencia de haber perdido a un compañero. Se comenzó a quitar el saco y desabotonar su camisa. Celeste lo veía y sabía lo que venía, tenía miedo y sus manos temblaban, pero no lo demostraba, lo observaba trataba de estudiar la fisonomía de su cuerpo para tratar de encontrar un punto débil. —Bueno en vista de que mi jefe no quiso jugar contigo, lo haré yo, perra sucia, me la chuparas tanto que te quedarás sin voz. Celeste negaba con su cabeza y caminó hacia un rincón, cosa que no serviría de nada. El se acercó, la tomó de los brazos con fuerza e hizo presión contra la pared. La escaneó con la mirada y vio que debajo de ese pijama había un cuerpo voluptuoso y bien formado. Sostuvo su mentón con sus manos y besos sus labios con rudeza, los mordió un poco, con su mano libre comenzó a manosear los pechos. Celeste quería hablar quería decirle que estaban equivocados, pero cuando lo intentaba el apretaba más su garganta. —Lo haré como te gusta, pero prometo ser más rudo, desgraciada. De un solo tirón sacó la parte de arriba del pijama dejando expuestos los pechos de Celeste, él rápidamente supo que esa mujer no era Celina, su rostro era idéntico, pero su cuerpo no. Aun así la miró con deseo y lujuria. Celeste temblaba de nervios, ella sabía lo que venía y aunque luchara con él no podría detenerlo, era un hombre demasiado grande, pero no sería presa fácil. Este hombre era alto de dos metros, musculoso y muy ágil a simple vista se notaban sus músculos y fuerza. Él soltó el cuello y agarró sus brazos colocándolos por encima de la cabeza, mientras tocaba y apretaba sus pechos. —Deja los brazos arriba—le dijo mirándola a los ojos. El la soltó y comenzó a quitarse la camisa, luego aflojo el cinturón y se bajó los pantalones con la ropa interior, todo esto lo hizo sin quitar la mirada de Celeste. Ella estaba nerviosa, pero aprovechó el momento para atacar. Dió una patada en el muslo derecho haciendo que Victorino se cayera al piso del dolor y de esa sensación de calambre en la pierna, luego agarró la silla y lo golpeó en la cabeza, haciendo que este terminara desorientado. Ella salió corriendo de la habitación estaba perdida no sabía a dónde ir, el sitio parecía un laberinto, corría por los pasillos semi desnuda, llegó al final del pasillo donde estaba una puerta y no pudo abrirla cuando intentó regresar estaba Victorino frente a ella completamente desnudo. Este estaba confundido, pensaba ¿cómo es que esta mujer no grita y pide que no le haga nada? —De seguro estás acostumbrada a esto, eres una zorra ¿cierto? —De seguro tu estas acostumbrado a esto, eres un marica ¿cierto? Celeste fue atrevida, pero no se dejaría intimidar por ese hombre. Victorino se volvió a acercar a ella con brusquedad, bajo el pantalón del pijama, dejándola totalmente desnuda frente a él agarrándola con fuerza y apoyandola a la pared, le abrió las piernas y sin ninguna delicadeza comenzó a tocar sus partes mientras le decía cosas obscenas. Celeste vuelve a hacer un movimiento soltándose del agarre del hombre y lo comienza a golpear en la cara, ella golpeaba duro, pero sentía que a la bestia que tenía enfrente no le hacía nada. Victorino al ver que ella no era cualquier mujer, esta se sabía defender, comenzó a defenderse y lanzaba golpes algunos certeros otros ella los esquivaba. En un movimiento brusco Celeste se resbaló cayendo de manera estrepitosa al piso y se golpeó la cabeza y un brazo, este fue el momento esperado por Victorino quien la golpeó con fuerza en el rostro dejándola casi inconsciente. El se lanzó a un lado estaba exhausto también.
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