Muy temprano Baltazar salió a correr en los alrededores de la villa donde se encontraba el Cubo Negr*. Lorenzo esperaba en el comedor. Quería asegurarse de que no cometiera ningún error y se ablandara ante esa mujer. Dudaba porque ella era idéntica a Celeste, la única mujer que había amado Baltazar. Baltazar llegó agitado y sudado y al entrar a la propiedad escuchó un grito desde el comedor. —¡Baltazar! Te espero para desayunar. Baltazar lo miró desde lejos y no dijo nada solo subió a su habitación. Después de realizar su rutina de aseo y y vestirse con sus trajes de alta costura hechos a medida en su color preferido el n***o perfumado y bien peinado bajó imponente hasta el comedor. —¿Qué es lo que quieres hablar? —Seré directo, sabes que no me gusta andar con rodeos ¿Piensas dejar

