Entonces tres mestizos, una loca y tres ancianos nos dirigíamos hacia el muelle en aquella carcacha de vehículo. Me sentía un completo inútil con aquella herida en mi estómago. Gabrielle intenta hace lo que puede para curarla, pero nada puede detener el dolor y el sangrado. Mi piel se abría lentamente y se volvía gruesa y purpurea. Justo ahora era víctima de mi propio veneno. Cuando forje hace años aquella arma jamás creía que Roger la usaría contra los nuestro. Contra mí. No le importo los malditos recuerdo de mi a su lado. En cuanto tuvo la mínima oportunidad de deshacerse de mi la tomo sin pensarlo. Nos bajamos entre una hilera de grandes y lujosos yates. El mas ostentoso por supuesto tenía que ser el de la pequeña Abby. Su nombre grabado en letras doradas resaltaba entre todos los d
Escanee el código QR para descargar y leer innumerables historias gratis y libros actualizados a diario


