La persecución había comenzado y mi mente estaba en estado de shock. La camioneta no se detuvo y aceleró en cuanto Travis tuvo la oportunidad. Emociones diversas se cruzaban por mi mente. Los había visto y los dejé atrás. No podía equivocarme, eran ellos. Sólo vi a Megumi con el cabello desalineado, a Fred con su piel más blanca y a Christian ... mi medio hermano. Sus miradas estaban clavadas en mi, detrás de aquella camioneta que no paraba de tambalearse y de rechinar. Tenía que escapar. Las sirenas de policía se acercaban más y más y no querían mirar hacía atrás. —¡Por favor Travis, más rápido!—le grité, con lágrimas en mis ojos y con una desesperación que nunca había sentido. Los niños lloriqueaban y se agarraban de los bordes de la camioneta. Todo era por ellos, para que sean libres
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