—Por favor, despierta. Sollozaba contra su diminuto pecho que ya no respiraba. Alia no podía creerlo. Las manos de Phoebe ya no irradiaban ese calor que le hacían tan bien. Sus ojos estaban cerrados y su boca estaba algo entreabierta. Parecía tan serena. Ya había pasado cuatro horas desde que su alma se había marchado para siempre. Alia intentó revivirla millones de veces con sus manos, pero no pudo, por una razón; los Nectisaled no pueden volver a la vida a los humanos. Aunque Alia eso lo sabía perfectamente, le suplicó de todas las formas posibles a Cory para que lo intentara. La Nectilea estaba destruida, y su pecho le dolía de tantos gritos que había soltado. Su garganta se había quedado muy seca. Tan seca que tenía demasiada sed, pero no quería alejarse de ella. —¡Phoebe!—jadeó co

