❝LA PLATAFORMA❞
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Harry y Hydra habian decidió llamar a la lechuza Hedwig, un nombre que habian encontrado en Una historia de la magia.
El primero de septiembre Hydra se levanto temprano gracias a que Harry estaba haciendo ruido mientras se cambiaba.
-Harry deja de hacer ruido -se quejo la chica tapandose hasta los ojos.
-Perdon... no podia dormir.
Hydra se destapó sabiendo que aunque intente volver a dormir no iba a poder.
-¿Que hora es?
-Muy temprano.
Aunque Hydra siguió quejandose de que era muy temprano se termino por levantarse y cambiarse.
Harry se ocupo de meter a Hedwig en su jaula y los mellizos se quedaron en la habitación imaginando cosas, esperando que los Dursley se levantaran.
Llegaron a King Cross a las diez y media. Tío Vernon cargó el baúl de
los hermanos en un carrito y lo llevó por la estación. Harry pensó que era una rara amabilidad, hasta que tío Vernon se detuvo, mirando los andenes con una sonrisa perversa.
-Bueno, aquí están. Andén nueve, andén diez... Su andén debería estar en el medio, pero parece que aún no lo han construido, ¿no?
Tenía razón, por supuesto. Había un gran número nueve, de plástico,
sobre un andén, un número diez sobre el otro y, en el medio, nada.
-Que tengan un buen curso -dijo tío Vernon con una sonrisa aún más
torva. Se marchó sin decir una palabra más.
-¿Que hacemos? -preguntó Harry a Hydra.
-Preguntale al guardia ese -dijo Hydra señalandolo.
-¿Yo? ¿Por que yo? Preguntale vos.
-Porque sos el hombre -dijo mientras se ataba el pelo.
Harry se acerco al guardia, pero no se atrevió a mencionar el andén nueve y tres cuartos. El guarda nunca había oído hablar de Hogwarts, y cuando Harry no pudo decirle en qué parte del país quedaba, comenzó a molestarse, como si pensara que Harry se hacía el tonto a propósito. Sin saber qué hacer, Harry le preguntó por el tren que salía a las once, pero el guarda le dijo que no había ninguno. Al final, el guarda se alejó, murmurando algo sobre la gente que hacía perder el tiempo. Según el gran reloj que había sobre la tabla de horarios de llegada, tenía diez minutos para coger el tren a Hogwarts y no tenía idea de qué podía hacer.
Los hermanos se miraron preocupados sin saber que hacer, en aquel momento, un grupo de gente pasó por su lado y captaron unas
pocas palabras.
-... lleno de muggles, por supuesto...
La que hablaba era una mujer regordeta, que se dirigía a cuatro muchachos, todos con pelo de llameante color rojo como el de Hydra. Cada uno empujaba un baúl y llevaban una lechuza.
Harry y Hydra se acercaron parándose bastante cerca para escuchar lo que decían.
-Y ahora, ¿cuál es el número del andén? -dijo la madre.
-¡Nueve y tres cuartos! -dijo la voz aguda de una niña, también pelirroja, que iba de la mano de la madre que a Hydra le parecio tierna- Mamá, ¿no puedo ir...?
-No tienes edad suficiente, Ginny Ahora estáte quieta. Muy bien, Percy, tú primero.
El que parecía el mayor de los chicos se dirigió hacia los andenes nueve y
diez. Pero justo cuando el muchacho llegó a la división de los dos andenes, una larga caravana de turistas pasó frente a él y, cuando se alejaron, el muchacho había desaparecido.
-Fred, eres el siguiente -dijo la mujer regordeta.
-No soy Fred, soy George -dijo el muchacho- ¿De veras, mujer,
puedes llamarte nuestra madre? ¿No te das cuenta de que yo soy George?
-Lo siento, George, cariño.
-Estaba bromeando, soy Fred -dijo el muchacho, y se alejó. Debió pasar, porque un segundo más tarde ya no estaba. Pero ¿cómo lo había hecho? Su hermano gemelo fue tras él: el tercer hermano iba rápidamente
hacia la taquilla (estaba casi allí) y luego, súbitamente, no estaba en ninguna parte.
No había nadie más.
-Discúlpeme -dijo Harry a la mujer regordeta.
-Hola, queridos -dijo- Primer año en Hogwarts, ¿no? Ron también es
nuevo.
Señaló al último y menor de sus hijos varones. Era alto, flacucho y pecoso,
con manos y pies grandes y una larga nariz.
-Sí -dijo Harry- Lo que pasa es que... es que no sabemos cómo...
-¿Como entrar en el andén? -preguntó bondadosamente, y Hydra asintió con la cabeza.
-No se preocupen -dijo- Lo único que tienen que hacer es andar recto hacia la barrera que está entre los dos andenes. No se detengan y no tengan miedo de chocar, eso es muy importante. Lo mejor es ir deprisa, si están nervioso. Vayan ahora, antes que Ron.
-Hum... De acuerdo -dijo Harry.
-Gracias... -murmuró Hydra mientras empujaba su carrito y se dirigió hacia la barrera. Parecía muy sólida.
Comenzó a andar. La gente que andaba a su alrededor iba al andén nueve o al diez. Fue más rápido. Iba a chocar contra la taquilla y tendría problemas.
Se inclinó sobre el carrito y comenzó a correr (la barrera se acercaba cada vez más). Ya no podía detenerse (el carrito estaba fuera de control), ya estaba allí... Cerró los ojos, preparado para el choque...
Pero no llegó. Siguió rodando. Abrió los ojos.
Una locomotora de vapor, de color escarlata, esperaba en el andén lleno de gente.
Hydra vio a su hermano y se acerco.
-Esto es tan genial.
Un rótulo decía: «Expreso de Hogwarts, 11 h»
El humo de la locomotora se elevaba sobre las cabezas de la ruidosa
multitud, mientras que gatos de todos los colores iban y venían entre las
piernas de la gente. Las lechuzas se llamaban unas a otras, con un
malhumorado ulular, por encima del ruido de las charlas y el movimiento de los pesados baúles.
Los primeros vagones ya estaban repletos de estudiantes, algunos
asomados por las ventanillas para hablar con sus familiares, otros discutiendo sobre los asientos que iban a ocupar. Hydra empujó su carrito por el andén, buscando un asiento vacío junto con Harry. Pasaron al lado de un chico de cara redonda que decía:
-Abuelita, he vuelto a perder mi sapo.
-Oh, Neville -oyó que suspiraba la anciana.
Un muchacho de pelos tiesos estaba rodeado por un grupo.
-Déjanos mirar, Lee, vamos.
Harry se abrió paso hasta que encontró un compartimiento vacío, cerca del final del tren.
Primero puso a Hedwig y luego comenzó a empujar el baúl hacia
la puerta del vagón. Trató de subirlo por los escalones, pero sólo lo pudo
levantar un poco antes de que se cayera golpeándole un pie.
-Hasta yo tengo más fuerza -se burlo su hermana.
-¿Quieren que les eche una mano? -era uno de los gemelos pelirrojos, a
los que había seguido a través de la barrera de los andenes.
-Sí, por favor -jadeó Harry.
-¡Eh, Fred! ¡Ven a ayudar!
Con la ayuda de los gemelos, el baúl de Harry y de Hydra finalmente quedaron en un rincón del compartimiento.
-Gracias -dijo Harry, quitándose de los ojos el pelo húmedo.
-¿Qué es eso? -dijo de pronto uno de los gemelos, señalando la brillante cicatriz de Harry.
Rápidamente compartio una mirada con el otro gemelo y los dos miraron el cuello de Hydra.
-Vaya -dijo- ¿Son ustedes...?
-Son ellos -dijo el primero- Son ustedes ¿no?
-¿Quien? -preguntó Hydra.
-Hydra y Harry Potter -respondieron a coro.
-Si somos nosotros.
Los dos muchachos los miraron boquiabiertos. Entonces, para su alivio, una voz llegó a través de la puerta abierta del compartimiento.
-¿Fred? ¿George? ¿Estan ahí?
-Ya vamos, mamá.
Con una última mirada a los Potter, los gemelos saltaron del vagón.
Hydra se solto el pelo tratando de que nadie más la reconociera, verdaderamente le gustaba llamar la atención pero esta vez se sintio raro.
El tren comenzó a moverse.