❝MAPA.❞
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-Eres un bruto -le dijo la pelirroja a su hermano cuando entro a la enfermería.
-Nisiquiera fue mi culpa -se defendio Harry sentandose en la cama.
-Si, porque saliste a jugar ese partido estupido bajo esa lluvia torrencial. ¿Y si te caias y te partias la cabeza? -Hydra empezo a caminar de un lado a otro- Era tu fin, y si es tu fin también es el mio porque no creo poder vivir una vida sin mi hermano, ¿asi que la próxima vez podes pensar en mi salud emocional?
Harry solto una risa mientras su hermana se acercaba para pegarle.
-Yo también te quiero -dijo Harry ocultandose detras de su almohada.
. . .
Dos semanas antes de que terminara el trimestre, dentro del castillo había ambiente navideño. El profesor Flitwick, que daba Encantamientos, ya había decorado su aula con luces brillantes que resultaron ser hadas de
verdad, que revoloteaban.
Después de que Draco y Cygnus le pidieran hasta el cansancio que pase navidad en su casa, la pelirroja estuvo bastate feliz de decir que si, ya que sabia que Harry se iba a quedar con Ron y Hermione en el castillo, y no era por ser mala, pero no le agradaba la idea de pasar navidad con Ron Weasley.
Para satisfacción de todos menos de Hydra, estaba programada otra salida
a Hogsmeade para el último fin de semana del trimestre.
La mañana del sábado de la excursión, Hydra, se despidió de Cygnus y Draco, para luego buscar a su hermano.
-Realmente me gustaria ir -le comentó Hydra acomodandose la bufando con los colores de su casa.
-¡Pss, Hydra, Harry!
Cuando se dieron vuelta vieron a Fred y George que los miraban desde detrás de la estatua de una bruja tuerta y jorobada.
-¿Qué hacen? -preguntó- ¿Cómo es que no estan camino a Hogsmeade?
-Hemos venido a darles un poco de alegría antes de irnos -dijo Fred- Entren aquí...
Les señaló con la cabeza un aula vacía que estaba a la izquierda de la
estatua de la bruja.
-Un regalo navideño por adelantado.
Fred sacó algo de debajo de la capa y lo puso en una mesa, haciendo con
el brazo un ademán rimbombante. Era un pergamino grande, cuadrado, muy desgastado. No tenía nada escrito.
-¿Qué es?
-Esto, es el secreto de nuestro éxito -dijo George.
-¿Y para qué necesitamos un pergamino viejo?
-Bueno, cuando estábamos en primero.. y éramos jóvenes,
despreocupados e inocentes...Bueno, más inocentes de lo que somos ahora... tuvimos un pequeño problema con Filch.
-Tiramos una bomba fétida en el pasillo y se molestó.
-Así que nos llevó a su despacho y empezó a amenazarnos con el
habitual...
-... castigo...
-... de descuartizamiento...
-... y fue inevitable que viéramos en uno de sus archivadores un cajón en
que ponía «Confiscado y altamente peligroso».
-George se encargó de distraerlo lanzando otra bomba fétida, yo abrí a toda prisa el cajón y cogí... esto.
-Esta pequeña maravilla nos ha enseñado más que todos los profesores del colegio.
-Estan de broma -dijo Hydra sintiendose ofendida, ella realmente aprendia un monton de cosas gracias a los profesores.
George sacó la varita, tocó con ella el pergamino y pronunció:
-Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.
E inmediatamente, a partir del punto en que había tocado la varita de George, empezaron a aparecer unas finas líneas de tinta, como filamentos de telaraña. Se unieron unas con otras, se cruzaron y se abrieron en abanico en cada una de las esquinas del pergamino. Luego empezaron a aparecer palabras en la parte superior. Palabras en caracteres grandes, verdes y floreados que proclamaban:
Los señores Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta proveedores de artículos para magos traviesos
están orgullosos de presentar
EL MAPA DEL MERODEADOR
Era un mapa que mostraba cada detalle del castillo de Hogwarts y de sus terrenos. Pero lo más extraordinario eran las pequeñas motas de tinta que se movían por él, cada una etiquetada con un nombre escrito con letra diminuta.
. . .
Gracias a ese increíble mapa y mucho caminar los hermanos Potter terminaron en Hogsmeade tomando una cerveza de mantequilla con Ron y Hermione.
La puerta de Las Tres Escobas se habia abierto. El profesor Flitwick y la profesora McGonagall acababan de entrar en el bar con una ráfaga de copos de nieve. Los seguía Hagrid muy de cerca, inmerso en una conversación con el ministro.
-¡Por Salazar! -dijo Hydra buscando un lugar en donde esconderse hasta que Harry tiro de ella para que ambos se escondieran abajo de la mesa.
-Una tacita de alhelí...
-Para mí -indicó la voz de la profesora McGonagall.
-Dos litros de hidromiel caliente con especias...
-Gracias, Rosmerta -dijo Hagrid.
-Un jarabe de cereza y gaseosa con hielo y sombrilla.
-¡Mmm! -dijo el profesor Flitwick.
-El ron de grosella tiene que ser para usted, señor ministro.
-Gracias, Rosmerta, querida. Estoy encantado de volver a verte. Tómate tú otro, ¿quieres? Ven y únete a nosotros...
-Muchas gracias, señor ministro.
-¿Qué le trae por estos pagos, señor ministro? -dijo la voz de la señora
Rosmerta.
-¿Qué va a ser; querida? Sirius Black. Me imagino que sabes lo que ocurrió en el colegio en Halloween.
-Sí, oí un rumor -admitió la señora Rosmerta.
-¿Se lo contaste a todo el bar; Hagrid? -dijo la profesora McGonagall.
-¿Cree que Black sigue por la zona, señor ministro?
-Estoy seguro -dijo Fudge escuetamente.
-¿Sabe que los dementores han registrado ya dos veces este local?-dijo la señora Rosmerta- Me espantaron a toda la clientela. Es fatal para el negocio, señor ministro.
-Rosmerta querida, a mí no me gustan más que a ti. Pero son precauciones necesarias... Son un mal necesario. Acabo de tropezarme con algunos: están furiosos con Dumbledore porque no los deja entrar en los terrenos del castillo.
-Menos mal -dijo la profesora McGonagall tajantemente- ¿Cómo íbamos a dar clase con esos monstruos rondando por allí?
-De todas formas -objetó Fudge- están aquí para defendernos de algo mucho peor. Todos sabemos de lo que Black es capaz...
-¿Saben? Todavía me cuesta creerlo. De toda la gente que se pasó al lado Tenebroso, Sirius Black era el último del que hubiera pensado... Quiero decir, lo recuerdo cuando era un
raño en Hogwarts. Si me hubieran dicho entonces en qué se iba a convertir; habría creído que habían tomado demasiado hidromiel.
-No sabes la mitad de la historia, Rosmerta -dijo Fudge con aspereza-
La gente desconoce lo peor.
-¿Lo peor? ¿Peor que matar a toda esa gente?
-Desde luego, eso quiero decir -dijo Fudge.
-No puedo creerlo. ¿Qué podría ser peor?
-Dices que te acuerdas de cuando estaba en Hogwarts, Rosmerta -dijo McGonagall- ¿Sabes quién era su mejor amigo?
-Pues claro. Nunca se veía al uno sin el otro. ¡La de veces que estuvieron aquí! Siempre me hacían reír. ¡Un par de cómicos, Sirius Black y James Potter!
Hydra abrio grande los ojos sin poder creer lo que escuchaba.
-Exactamente. Black y Potter.
Cabecillas de su pandilla. Los dos eran muy inteligentes. Excepcionalmente inteligentes. Creo que nunca hemos tenido dos alborotadores como ellos.
-No sé -dijo Hagrid- Fred y George Weasley podrían dejarlos atrás.
-¡Cualquiera habría dicho que Black y Potter eran hermanos! -terció el
profesor Flitwick- ¡Inseparables!
-¡Por supuesto que lo eran! -dijo Fudge- Potter confiaba en Black más que en ningún otro amigo. Nada cambió cuando dejaron el colegio. Black fue el padrino de boda cuando James se casó con Lily. Luego fue el padrino de ambos mellizos. Ellos no saben nada, claro.
-¿Porque Black se alió con Quien Ustedes Saben?
-Aún peor; querida... -dijo Fudge- Los Potter no ignoraban que Quien Tú Sabes iba tras ellos. Dumbledore, que luchaba incansablemente contra Quien Tú Sabes, tenía cierto número de espías. Uno le dio el soplo y Dumbledore alertó inmediatamente a
James y a Lily. Les aconsejóocultarse. Bien, por supuesto que Quien Tú
Sabes no era alguien de quien uno se pudiera ocultar fácilmente. Dumbledore les dijo que su mejor defensa era el encantamiento Fidelio.
-¿Cómo funciona eso?
-Es un encantamiento tremendamente complicado que supone el ocultamiento mágico de algo dentro de una sola mente. La información se oculta dentro de la persona elegida, que es el guardián secreto. Y en lo sucesivo es imposible encontrar lo que guarda, a menos que el guardián secreto opte por divulgarlo. Mientras el guardián secreto se negara a hablar, Quien Tú Sabes podía registrar el pueblo en que estaban James y Lily sin encontrarlos nunca, aunque tuviera la nariz pegada a la ventana de la salita de estar de la pareja.
-¿Así que Black era el guardián secreto de los Potter? -susurró la
señora Rosmerta.
-Naturalmente -dijo la profesora McGonagall- James Potter le dijo a
Dumbledore que Black daría su vida antes de revelar dónde se ocultaban, y que Black estaba pensando en ocultarse él también... Y aun así, Dumbledore seguía preocupado. Él mismo se ofreció como guardián secreto de los Potter.
-¿Sospechaba de Black?
-Dumbledore estaba convencido de que alguien cercano a los Potter había informado a Quien Tú Sabes de sus movimientos. De hecho, llevaba algún tiempo sospechando que en nuestro bando teníamos un traidor que pasaba información a Quien Tú Sabes.
-¿Y a pesar de todo James Potter insistió en que el guardián secreto
fuera Black?
-Creo que no me siento bien -comentó Hydra antes de salir corriendo de las tres escobas sin importarle si los profesores la veían o no.