En el centro de la habitación se encuentra Magnus Constantine, tratando de controlar los nervios que le han comenzado a casi aniquilar. Se mira en el espejo varias veces, se acomoda su pajarita y trata de quitar toda arruga de su implacable traje que le hace ver perfecto. Agradece por unos segundos a sus padres por haberle dado tal aspecto y se agradece a si mismo por el increíble físico que ha logrado mantener. El día finalmente había llegado, habían pasado por mucho; desde una discusión con el parlasen que casi le quita las veinticuatro horas de sueño, lo cual le había causado un gran dolor de cabeza al ver el agobio de su amada prometida y también Princesa de Liechtenstein. Se sentía nervioso, sabía lo que se venía, un evento como este no era normal y aunque hubiese querido tomar a El
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