Capítulo 9: “Las piedras de la amistad”

1694 Palabras
Los meses pasaron y Zayden seguía visitando todos los días a la hechicera Imogen, a pesar de que a primera instancia el pequeño príncipe no quería ir allí todos los días ahora desearía que las noches en el reino pasaran más rápido para visitar a su pequeña amiga. Zayden nunca había tenido amigos, siendo el hijo de un rey no tenia permitido hablar con muchas personas a menos que fueran sus sirvientes, solamente podía hablar con niños de su misma edad cuando empezaban las clases en la academia real. Él se sintió un poco perturbado cuando de repente llego una niña menor que él y le ofreció su amistad, Zayden jamás había recibido una propuesta así y menos de una niña. Las tardes de Zayden antes de ir a la casa de la hechicera eran aburridas, no tenía permitido salir del castillo real y a pesar de que tenía permitido jugar en todo el reino, siempre era perseguido por sirvientes o consejeros reales para que nada malo le sucediera al príncipe, pero ahora él podía ser un poco libre, el rey Waylock le tenia una gran confianza a la hechicera real Imogen que ni siquiera enviaba caballeros a cuidar a su hijo menor. Con el tiempo, la pequeña niña que no conocía su pasado y el pequeño niño que no conocía el mundo exterior conocieron algo a lo que ambos llamaron amistad. Zayden POV. Las clases de Imogen son sorprendentes, gracias a ella ahora puedo hacer auras con mis poderes y puedo empezar a utilizarlos con moderación. Sentía un poco de pena por Aubrey quien seguía sin poder hacer ninguna aura, en cada clase yo siempre lograba hacer el hechizo que Imogen nos enseñaba y ella casi nunca lo lograba, los únicos hechizos que se le daban bien a Aubrey eran los que tenían que ver con curaciones, un día encontramos la rama de un árbol semi rota y ella fue capaz de unirlas de nuevo. Después de cada clase con Imogen ella nos daba permiso para que fuéramos a jugar al valle de flores, aunque la mayoría de las veces Aubrey y yo nos escabullíamos a la cascada en donde estaba nuestro lugar secreto. -Cierra los ojos – dijo Aubrey mientras tenía sus manos atrás. - ¿Por qué? – dije moviéndome a un lado para que ver que escondía. - ¡Cierra los ojos! – exclamó. - Esta bien – dije cerrando los ojos, intente abrirlos, pero ella me dio un golpe en el brazo – Esta bien, los cerrare – dije riendo. - ¡Listo! – dijo Aubrey con una gran sonrisa. - ¿Qué es esto? – dije quitándome una corona de flores que ella me había puesto en el cabello. - Fue la corona de flores que te hice el día siguiente que nos conocimos y que nunca regresaste al valle – dijo haciendo un gran énfasis en lo último. - Creo se te vería mejor a ti que a mí – dije poniéndole la corona de flores. - Pero se te veía bien – dijo cruzándose de brazos. - Tengo una mejor idea, ¿Recuerdas el arroyo que vimos en el reino Berryclooth? – pregunte. - Si, tenia unas piedras brillantes muy hermosas. - Podríamos ir y tomar dos piedras para hacer dos collares – dije haciendo que sus ojos se iluminaran de emoción. - ¡Puede ser como nuestro símbolo de amistad! – dijo Aubrey emocionada, de repente su rostro de emoción desapareció. - ¿Qué sucede? – pregunte al verla seria. - Imogen no nos dejara ir hoy a Berryclooth – dijo. Me quede pensando por un momento, ella tenía razón Imogen no nos dejaría ir, al menos no hoy. - ¿Y si creamos un portal desde la cabaña? – dije y ella me miro sorprendida. - Jamás lo lograríamos – dijo riendo. - Podemos intentarlo – dije mirándola cómplice. - Hagámoslo – dijo mirándome igual. Aubrey y yo regresamos a la cabaña y para nuestra suerte, Imogen, no había regresado de su clase con las hechiceras aprendices. -Es por aquí – dijo Aubrey guiándome hasta unas escaleras que bajaban. Cuando entramos a la habitación vimos el gran cuadro que no tenía ningún portal abierto, recordaba que una vez mi padre me enseñó a hacer portales, pero nunca lo había intentado hacer a través de un cuadro. - ¿Y ahora qué hacemos? – dijo mirándome. - Dame tu mano – Ella me dio su mano y la tomé y puse nuestras manos en el cuadro – Imagina en tu mente el arroyo, imagínalo de la manera más realista que puedas y cierra los ojos – ella asintió con la cabeza y cerro sus ojos. Realmente Aubrey no haría nada, solo la hice que cerrara los ojos para que piense que también me ayudo a hacer el portal. Empecé a hacer el aura con mis manos y poco a poco lo empecé a convertir en un portal, aunque no pude crearlo directamente a través del cuadro, tomé la mano de Aubrey y la guie para que ambos cruzáramos el portal. -Lo logramos – dijo Aubrey emocionada al ver que estábamos en Berryclooth. - Si – dije sonriéndole. - Quiero una piedra celeste – dijo Aubrey acercándose al arroyo. Me acerque al arroyo y empecé a buscar una piedra que me gustara, habían de muchos colores, aunque todas tenían la misma forma. -¡La encontré! – dijo agachándose para recoger su piedra. - Creo que yo también – dije recogiendo una de color azul. - Mira, ambas combinan – dijo Aubrey acercando su piedra a la mía, en el momento que la acerco ambas brillaron con más intensidad - ¿Viste? – dijo sorprendida. Aleje mi piedra de la de ella y dejo de brillar luego la volví a acercar y ambas empezaron a brillar de nuevo. -Increíble. - Podemos atarlas con esto – dijo deshaciendo ambas coronas de flores para quitar los pedazos de soga deshilada. Ambos atamos las piedras con los pedazos de soga hasta que quedaron totalmente asegurados para que no se cayeran, luego nos lo pusimos como collar. -Se ven muy lindos – dijo Aubrey mirando su collar. - Ven – dije estirando la piedra de mi collar, ella estiro la piedra de su collar y los unimos para que volvieran a brillas. - Es muy hermoso – dijo mirándome con una gran sonrisa. - Lo es – dije sonriéndole. Aubrey y yo estábamos muy distraídos viendo nuestras piedras cuando empezamos a escuchar unos ruidos que provenían del bosque. - ¿Qué es eso? – dijo Aubrey mirando hacia el bosque. - No lo sé – dije viendo hacia todos lados. Me enfoque a un lugar en específico en medio de la oscuridad del bosque, me había parecido ver una sombra, de repente esa sombra se empezó a mover y salió una de las bestias del reino oscuro, la bestia nos miro fijamente con sus ojos que parecían de fuego y empezó a correr hacia nuestra dirección. -¡Corre! – dije tomando la mano de Aubrey. Ambos empezamos a correr lo más rápido que podíamos, podía escuchar los pasos de la bestia acercándose cada vez más. -Al bosque – dijo Aubrey. Entramos al bosque porque estaba más oscuro y era probable que la bestia nos perdiera de vista. Nos escondimos detrás de un árbol y ambos nos tapamos la boca para que no nos escuchara la bestia. La bestia empezó a olfatear la tierra y empezó a caminar lentamente hacia otra dirección. -Creo que se va – dijo Aubrey en susurro. - Creo que si – dije asomándome para ver como lentamente se empezaba a alejar la bestia. Suspiré aliviado y le sonreí a Aubrey. -Eso estuvo cerca – dijo Aubrey. Ambos suspiramos aliviados, y estábamos a punto de salir de nuestro escondite cuando empezamos a escuchar unos pasos apresurados acercándose a nosotros. De repente alguien tomo del hombro a Zayden haciendo que cayera al suelo, estaba a punto de ayudarlo cuando de repente algo me empujo a mí. -Pero miren a quien tenemos aquí – dijo la voz de un niño. - ¡Aiden! – dijo Zayden levantándose enfadado. - Zayden – dijo el niño mirándolo con una sonrisa burlona. - ¿Estas bien? – dijo Zayden caminando hacia mi mientras yo me levantaba, yo solo asentí con la cabeza. Mire al niño que se veía casi de la misma edad que Zayden, su piel era pálida, toda su ropa era negra, su cabello era de un color castaño oscuro y sus ojos eran un verde esmeralda. El niño me miro curioso por unos segundos y luego miro a Zayden. - ¿Quién es ella? – pregunto frunciendo el ceño. - No te importa – dijo Zayden. - ¿De que reino eres niña? – dijo Aiden acercándose lentamente. - Déjala en paz – dijo Zayden poniéndose frente a mi como para defenderme. - Mejor dicho ¿Cuáles son tus poderes niña? – dijo mirándome serio. - Aiden aléjate de…- Zayden fue interrumpido cuando Aiden utilizo sus poderes para empujarlo. - ¿Cuáles son tus poderes? – dijo acercándose cada vez más. - No tengo – dije mirándolo con el ceño fruncido – Y ya déjanos en paz – dije mientras caminaba hacia donde estaba Zayden. - ¿Cómo te atreves a hablarle así a un príncipe? – dijo Aiden. Lo ignore y segui caminando hacia donde estaba Zayden. -¡Mírame cuando te hablo! – dijo tratando de atacarme con sus poderes cuando salió Willow a defenderme. Él me miro muy sorprendido al ver que tenia un Willow, intentó atacarme de nuevo pero mi espíritu no dejaba que me atacara, yo me acerque a Zayden para ayudarlo a levantarse. -Esto no se quedará así – dijo antes de alejarse y desaparecer entre la oscuridad. - ¿Esta bien? – dije ayudando a Zayden a levantarse. De repente empezamos a escuchar las pisadas de muchos caballos, ambos nos escondimos y empezamos a ver que sucedía, eran caballeros de un reino que no conocía, y el único reino en el que jamás había estado era el reino Blanklen. 
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