Imogen se había enfadado mucho conmigo, pero se enfadó más al ver que Zayden también estaba conmigo, me dijo que me podía meter en grabes problemas con el rey Waylock por haber traído a su hijo a un lugar tan peligroso.
-Zayden ni siquiera tuvo el valor de salir de los árboles – le dije a Imogen mientras caminábamos de regreso a casa.
-Bueno porque él si es un chico muy inteligente, ¿Enserio que pensabas lograr allí Aubrey? – dijo Imogen enfadada.
- Solo quería ayudar – dije en voz baja.
- Te pudieron haber asesinado Aubrey – dijo Imogen.
- Yo lo dije que debíamos salir y ella no me escucho – dijo Zayden.
- Tú eres un príncipe muy cobarde – dije mirándolo mal.
- Al menos seré un príncipe que vivirá por muchos años – dijo Zayden.
No me pude contener y me tiré encima de él para empezar a golpearlo, ambos nos empezamos a golpear, yo le jalaba el cabello y él me pellizcaba los brazos.
- ¡Deténganse! – dijo Imogen deteniéndonos con sus poderes.
- Cobarde – dije riéndome burlona.
- No quiero que se vuelvan a pelear, Zayden tu iras de mi lado izquierdo y tu del lado derecho, no quiero volver a escuchar ningún insulto de camino a casa ¿Entendido? – dijo Imogen viéndonos amenazante.
- Entendido – dijimos al unísono Zayden y yo.
El camino a casa fue un poco aburrido, Imogen nos castigo y nos hizo caminar de camino a casa por haber escapado, no hizo ningún portal para regresar, sino que tuvimos que caminar. Durante el camino Zayden y yo no volvimos a hablar y solamente miraba las hermosas flores que nos cruzábamos en nuestro camino, de vez en cuando soltaba la mano de Imogen para adelantarme un poco y cortar las flores que más me gustaban, ella ya no parecía tan enojada como antes porque me dejaba caminar libremente.
Cuando llegamos a la cabaña de Imogen vimos que había algunos caballeros en casa.
-Creo que estoy en problemas – dijo Zayden en voz baja.
Cuando llegamos hasta la casa no solamente estaban los caballeros, sino que también estaba el hermano mayor de Zayden.
- ¿Cómo te atreves a escapar tonto? – dijo el príncipe Desmond acercándose muy enfadado a su hermano menor.
- Yo pensé que…- interrumpí a Zayden.
- Fue mi idea – dije. El príncipe Desmond se detuvo y me miro por unos segundos.
- ¿Qué dijiste? – dijo el príncipe acercándose a mí.
Miré a Imogen quien me hacia un gesto con su rostro de que no dijera nada más, yo aclare mi garganta y hable de nuevo.
-Lo siento príncipe, fue mi idea. No debe castigar a Zayden, todo es mi culpa – dije bajando mi rostro muy avergonzada.
El príncipe Desmond estaba parado frente a mí, yo solo podía ver sus pies, él se acurruco para estar a mi altura, tomo con una mano mi mentón para que lo viera, yo cerré mis ojos para no verlo y él solo rio.
-Me sorprendes mucho pequeña niña, tienes tanta humildad y un gran corazón, tal vez en otra vida tu fuiste una gran reina – dijo, yo abrí los ojos y lo miré, sus ojos verde esmeralda me miraban.
- Por favor no castigue a Zayden – dije triste.
- No lo haré – dijo sonriéndome – Por tu valentía y humildad pienso darte algo – dijo caminando hacia su caballo.
Empezó a buscar algo en una bolsa que tenía su caballo y de allí saco una pequeña caja, él se acercó a mi y me la entrego.
-Creo que te servirá mucho cuando empieces a ir a la academia – dijo.
Abrí la caja y vi que era una pluma con su respectiva tinta, la caja tenía dibujado un gran mapa y también había diferentes puntas para la pluma.
-Gracias – dije sonriéndole al príncipe.
- Espero que estudies mucho – dijo guiñándome un ojo.
El príncipe se levantó y se subió a su caballo al igual que Zayden, ellos se despidieron y luego se fueron.
Tal y como lo esperaba Imogen me regaño por haberme metido en los asuntos del príncipe, pero realmente no me importaba, al menos no los castigarían y el príncipe Desmond me dio una pluma. Busqué una hoja de papel entre las cosas de Imogen y empecé a escribir lo que había sucedido este día, la pluma era tan fina que no se derramaba ninguna gota de tinta.
-Tengo una idea Willow – dije y ella apareció.
- ¿Qué piensas hacer? – dijo ella sentándose frente a mí.
- Ya que no recuerdo quien soy y tampoco lo recordaré cuando muera, escribiré un diario con todas las cosas que me sucedan, cuando muera lo encontraré y sabre que sucedió conmigo – dije.
- ¿Y cómo sabrás donde lo dejaste guardado? – pregunto.
- Bueno… Tú me acompañas cada vez que muero, tú me dirás donde dejé guardado esto – dije y ella asintió.
- Espero no morir antes – dijo Willow.
- Willow ¿Puedes hablarme de como fui antes? ¿Alguna vez he estado cerca de romper la maldición? – dije.
- No tengo muchos recuerdos al igual que tú, lo único que recuerdo perfectamente es tu muerte, cada una de ellas – dijo un poco triste.
- ¿Cómo es que si vuelvo a renacer nadie me recuerda? Tuve que haber conocido a alguien y esa persona me debe de recordar, tal vez esa es la única forma en la que pueda romper la maldición – dije.
- Supongo que nunca hemos estado en el mismo lugar dos veces, pero creo que sería muy difícil encontrar a una persona que nos conocía antes porque no siempre eres la misma persona – dijo Willow, yo la mire confundida.
- ¿A qué te refieres?
- Solo tengo recuerdos de cuando has muerto, y cuando has muerto siempre ha sido cuando eres una adulta y cada uno de mis recuerdos de tu rostro no es el mismo, es como si renacieras con un cuerpo diferente – dijo Willow.
- Entonces es como si tu tampoco supieras algo de mi – dije y ella asintió – Entonces no me servirá de nada que escriba si ni siquiera tú serás capaz de recordarlo – dije dejando de lado la pluma.
- Lo siento Aubrey – dijo antes de desaparecer.
Zayden POV.
Desmond paso muy callado durante todo el camino a casa y eso me hacia sentir mejor, al menos ya había olvidado lo que sucedió antes.
Una vez llegamos al reino nos bajamos de los caballos y los sirvientes llevaron los caballos al establo, estaba a punto de irme a mi habitación cuando sentí que alguien me tomo de la ropa.
-Tu vienes conmigo – dijo Desmond jalándome de la ropa.
- No quiero ir – dije liberándome de su agarre.
- Ven aquí mocoso – dijo tomándome del cabello.
- Ayuda – dije.
Desmond me empezó a arrastrar del cabello, los sirvientes solo miraban la escena con mucha pena y seguían en sus labores, nadie me ayudo.
- ¿Qué crees que estás haciendo? – dijo empujándome hacia una pared.
- ¿De qué hablas? – dije levantándome.
- Enserio que eres un tonto, ¡¿Qué crees que habría sucedido si mueres allí?! – dijo gritándome.
- No me sucedió nada – dije.
- Tienes suerte de que esa niña de haya defendido allí, no me habría importado golpearte frente a ella – dijo frunciendo el ceño – Papá tiene suerte de tenerme a mi como hijo mayor, tu jamás podrías ser un buen rey.
- Ni siquiera quiero ser rey.
- Escúchame bien Zayden – dijo acercándose a mi – Deja de actuar como un tonto y deja de ponerte en peligro a ti mismo y a las demás personas, eres un cobarde, hasta una niña menor que tú tuvo que defenderte.
- No soy un cobarde, tú lo eres – dije enfadado.
- ¿Qué dices? – dijo caminando hacia mi amenazante.
- Si no fueras un covarte habrías ayudado a las personas del otro reino – dije y él me miro confundido.
- ¿De qué estas hablando? – dijo confundido.
- Vimos a unos caballeros del reino Blanklen querer asesinar a unas personas de Berrycloth, de no haber sido por Aubrey todas esas personas estarían muertas.
- ¿Viste a alguien? – dijo mirándome con una expresión extraña, es como si estuviera preocupado - ¡¿Dime si veste a alguien?! – dijo tomándome del cuello de mi camisa.
- No – dije tartamudeando.
- ¿Crees que esa niña haya visto a alguien? – dijo soltándome.
- No creo, estaba igual de asustada que yo – dije.
- Tengo que irme – dije subiendo por las escaleras y dejándome solo.
Segundos después bajaron unos sirvientes preocupados.
- ¿Se encuentra bien príncipe? – dijo una mujer tomando mis mejillas para verme.
- ¡¿Por qué no me ayudaron antes?! – dije quitando sus manos de mi rostro.
- Lo sentimos príncipe pero su hermano…- ni siquiera la deje terminar y salí corriendo de allí.