Las lágrimas amenazan con salir y humedecer mis mejillas pero yo no lo permito y las seco antes de que lo hagan. Lo que menos quiero es que mi padre tenga una idea de mí errónea. Yo no quiero que me vea débil, por lo que, sonrió a la espera de su abrazo. Pero ese nunca llega. — Cuídate mucho Nara y cuida a Ashera — susurra dejándome sin palabras. ¿Ashera? ¿Quién es Ashera? ¿Su nieta se llama como yo? Miles de preguntas pasan por mi mente en cuestión de segundos. Sin duda, el que la hija de Nara se llame como yo, debe ser una mala broma. Una que sin duda, no debe ser cierto. — Siéntate — dice con seriedad. Un tono muy distinto al que hablaba con su hija y ello hace que mis ilusiones desaparezcan. Él estaba feliz porque hablaba contigo, pero ahora es serio porque estas aquí. Eso es

