POV Sadie McPherson La fiesta del cumpleaños número tres de Lía fue hace dos meses, pero la alegría que sentí ese día aún resonaba en cada rincón de la hacienda. Era la memoria de la felicidad que había aprendido a construir. Mi corazón se hinchaba de gratitud al recordar cómo la hacienda abrió sus puertas a tantos niños de la comunidad. Ver sus rostros, que pronto serían mis alumnos, era una premonición gloriosa de mi futuro, pues mi graduación estaba a pocos meses de distancia. Como todo lo que la familia Fraser hace, la fiesta de nuestra adorada Lía no fue un simple evento; fue una transferencia masiva de felicidad pura. No era solo lujo; era una explosión de generosidad destinada a la alegría más elemental. Había ponis, una feria improvisada con puestos de tiro al blanco, bocadillos

