La alarma sonó en las paredes de la habitación, sentí un ligero movimiento y después ceso el ruido. Me acomodé en la cama, girando mi cuerpo para encontrar la posición más cómoda, metí el brazo bajo la almohada y continué durmiendo, a lo lejos, en mi sueño, la llave del agua se abría. Momentos después sentí los labios de Ademar descansar sobre los míos, arrebatándome un beso tierno. —Hermosa, casi es hora de que me vaya. Te dejo mis llaves y el desayuno sobre la barra de la cocina. —me froté los ojos y lo vi, casi estaba listo para irse, solo le faltaba la playera, su maleta estaba al pie de la cama, aun sin cerrar. —¿Qué hora es? —pregunté adormilada. —Las 5:30 am, tengo que llegar al aeropuerto a las 6:30, tu descansa. Quédate aquí. —¿Tu cómo te vas a ir? —pregunté confundida.

