Llego a casa después de un lindo día de clases, no, no estoy cambiando de opinión, sigo odiando la escuela, pero Mateo el chico nuevo hizo que la viera de manera diferente, ahora tengo una excusa para ir alegre a la cárcel.
Dejo todo en mi habitación, me saco el uniforme, no quiero estar ni un minuto más con esto, me trae malos recuerdos, me pongo ropa cómoda. Mi mamá me dice que dentro de un rato va a estar el almuerzo, que me lave las manos, y eso es lo que hago, obedezco, mientras estoy en mi tarea de poner la mesa, viene mi hermanito Pedro, me saluda y me agacho para quedar a su altura porque tiene cuatro añitos.
—¿Cómo te fue en el jardín? —le pregunto hoy fue su primer día.
—Bien, estuvo mami conmigo, y mis compañedos son muy buenos —algunas palabras no le salen bien todavía.
—Que bueno mi amor, pero si alguien te molesta te defendés —le advierto.
—¡Katy! —me regaña mi mamá molesta —, no le enseñes esas cosas —sólo quiero que no lo acosen. ¿Qué tiene de malo?.
—Parece que mamá se enojó —le susurro a mi hermanito —. Bueno, bueno no hagas nada —levanto la voz para que ella escuche, y le guiño un ojo —. Después cuándo estemos solos te enseño cómo defenderte —le vuelvo a susurro en el oído.
A veces los chicos pueden ser muy crueles, yo sufrí bullying toda la primaria debido a mi peso, altura, no quiero que a él le pase lo mismo no quiero que nadie lo lastime, con él puedo ser sobre protectora.
Bueno ahora estoy en la secundaria y sigo sufriendo bullying, las chifladas han hecho de mí vida un infierno, esa es una de las razones por las cuáles odio la escuela.
Comimos tranquilos los tres, porque no está mi papá, él trabaja y viene tarde, mi hermano Diego, el mayor, no vive con nosotros, se fue hace dos años a estudiar a Córdoba, se fue porque no aguantaba más la convivencia con papá, se hizo insostenible, yo hubiera hecho lo mismo, siempre había planeado alejarse de casa. Lo extraño mucho, extraño sus consejos, éramos muy unidos, hablábamos mucho. Con mí papá discutía mucho, se llevaban realmente mal. Las discusiones nunca llegaron a mayores, pero parecían perros y gatos. El último tiempo con mí hermano Diego, pasaron cosas que nos separaron, lastimó a alguien que quiero mucho, si hubiese sido al revés me sentiría igual. Traicionada, no sé porqué tuvo que hacer eso, habiendo tantas chicas justo a mi amiga, eso es algo que me cuesta perdonarle todavía, me duele porque él no es así, no es mala persona, no sé qué le pasó por la cabeza para lastimarla de esa manera. Me siento dividida, él es mi hermano y ella mi amiga, es muy difícil.
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Además de ser mi mamá, ella es mi amiga, le cuento todo lo que me pasa. Mientras tomamos unos mates después de comer, le empiezo a contarle sobre Mateo, el chico nuevo, que es lindo que para mí tiene un parecido al actor Dylan O'Brien las chicas estuvieron de acuerdo conmigo cuándo se los comenté.
—Ma es hermoso, se parece a este actor mirá —le digo mientras le muestro la foto en mi celular.
—Eso no es lo más importante, lo que importa es su corazón, qué clase de chico es, lo de adentro —explica mi mamá.
—Ay ma, primero —enumero con los dedos —, no me voy a casar con él, aunque me encantaría no lo voy a negar, y segundo, ¿vos te pensas que semejante bombón se va a fijar en mí? por favor, ¿me viste bien? —doy una vuelta —, y otra cosa, no le quitaba los ojos de encima a Beca, quedó embobado al verla, y no lo culpo Beca es hermosa, como mis demás amigas —aclaro.
—Hija porque sos así con vos misma, si vos sos muy linda también —me anima.
—Sos mi mamá tenés que decirlo, sino lo decís vos, quién lo va a hacer —aclaro.
—Tenés que tener un poco de autoestima, hija, quererte un poco —aconseja.
Que fácil para ella, morocha de ojos negros, más de cuarenta, y apesar de haber tenido tres hijos, y el último hace poco, tiene un buen cuerpo, yo salí a mí papá. Gordito, petiso y heredé el color de sus ojos, verdosos con pintitas amarillos algo bueno.
—Me viste bien... no ves que soy gorda y petisa —manifiesto.
—No sos gorda, y eso no tiene nada malo —me consuela.
Claro para ella que no lo es, pero los que lo padecemos solo podemos entender realmente lo que se siente, y lo mucho que nos afecta. Y ni decir las burlas que sufrimos.
—Bueno rellenita según vos, lo petisa no me molesta, es más lo considero un súper poder, las personas pueden percibir mí maldad, pero en cuanto a lo otro —ruedo los ojos.
—Ay hija —empieza a enumerar —, tenés bonita figura, ojos verdes, una linda carita, buen humor, sos graciosa, y a todo le encontrás el lado bueno —casi me convence.
—Bueno Ma, vos ves lo bueno de todo, especialmente de mí porque soy tú hija —le aclaro, lo único que me faltaba es que mí propia madre me diga fea.
—No es así, porque también veo tus defectos, dormilona, vaga para el estudio, cuándo te levantas temprano por las mañana sos malhumorada —sigue enumerando con los dedos.
—Bueno, la verdad me agrada más cuándo decís lo bueno —ambas reímos —. Gracias, siempre me levantas el ánimos —eso es lo que ella ve, pero mi espejo no refleja lo mismo.
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A la tarde llevo a Pedro a la plaza que está cerca de casa, a jugar. Llevo la pelota y pateamos al arco, yo hago de arquera mientras él patea. Me encanta jugar con mi hermanito, me gusta ver cómo se divierte, no se da cuenta de los problemas. Mientras jugamos a la pelota suena mi celular, y es el grupo que tenemos con las chicas, lo llamamos las locas, no se porque, no nos identifica para nada, somos muy normales.
Se querían juntar, pero les dije que estoy con Pedro, que ya es tarde, la verdad es que estaba por llegar papá, y quería estar cuándo llegue, por las dudas que se enoje porque no estoy, o busque una excusa para comenzar a discutir. Todos tenemos problemas en la vida o alguien que los provoque, en la mía es mi papá.
Por lo general es un buen hombre, pero cuándo llega borracho se transforma es malhumorado, se enoja por todo, y nos trata mal, especialmente a mamá, busca pelea, no se porque ella lo aguanta, realmente lo ama. Cómo nunca sabía cómo iba a llegar prefería quedarme en casa.
Y últimamente venía tomado. Tiene periodos de sobriedad que duran bastante, pero últimamente venía alcoholizado, no era una garantía que yo esté, pero me sentía más segura, y no sé si era porque soy más grande pero al verme se tranquiliza. Por eso prefería estar.
Si bien es duro para mí esa parte de mí vida y me cuesta mucho abrirme, mis amigas ya lo saben. Un día no pude aguantar más y me puse a llorar, algo que odio, más hacerlo delante de las personas, ellas insistieron que les cuente el porque de mí tristeza, y les conté todo lo relacionado con mí padre. Si bien nunca nos pegó pero al estar en ese estado, sus palabras se volvían hiriente, especialmente con mamá, y eso me lastimaba mucho, rompía los muebles, platos y vasos. Pero cuando no bebía era un excelente padre, se preocupaba y nos cuidaba mucho, y sobre todo es un hombre trabajador.
Con el paso del tiempo he aprendido a soportarlo, y que ese comportamiento no me afecte tanto, lo disimulo con una sonrisa, hago bromas, los que realmente saben, perciben como estoy. Pero trato que nadie sufra las consecuencias de mis problemas. En todo hogar hay problemas, algunos tienen problemas económicos, padres divorciados, como en el caso de mí amiga Beca, la muerte de uno de sus padres, o solo un progenitor cuidando de uno, como en el caso de mí amiga Silvia, cuya madre la abandonó apenas nació.
Cuando mí padre viene en ese estado pienso todo lo que hace por nosotros, que como dije es mucho, no me malinterpreten, no lo justifico. Siempre le digo a mí madre que debe hablar con él y no soportar más está situación, y lo hace, por eso los períodos de sobriedad, pero siempre vuelve, y justamente a eso me refiero, que ya no quiero aguantar más esa situación. No lo merecemos, nadie lo merece. Pero esa es una decisión que tiene que tomar mí padre, si quiere realmente recuperarse, y poner toda su fuerza de voluntad, y tener una familia feliz.