7

1912 Palabras
PARTE DOS 1 AÑO DESPUÉS Samuel ríe mientras le doy a su osito de felpa, uno que Nathan le regaló en navidad. Hace un año que mi bebé llegó a iluminar no sólo mi vida, también la de mi padre y la de los que viven en la casa, pero es una pena que se parezca al idiota que lo puso en mi vientre. —Claire, tenemos que irnos—avisa mi padre en la puerta. —Lo sé—he tratado de todo para que duerma, pero no lo hace—. Con él despierto, no puedo acompañarte. —Igual a tu madre—lo miro antes de regresar la vista a Samuel. Samuel estira sus manitas para que lo cargue mientras intento arrullarlo mi padre se acerca para ayudarme a dormirlo. Poco a poco Samuel se va quedando dormido, sus ojitos se van cerrando antes de abrazar los enormes lagos que puede nadar mientras duerme. Lo regreso a su cuna antes de salir con mi padre, ambos bajamos para ver a Rousse en la puerta lista para cuidar de Samuel el resto de la noche. —Llámame por cualquier cosa. —Sí. Diviértete. Niego antes de salir de casa y subirme al vehículo que me llevará a dónde vamos, en este año le he aprendido bien a mi padre, he tenido juntas sola, acompañada y de aprendiz. Mi padre pide mi opinión en todas y en algunas ha estado Bastien que no me importa a la hora de estar dando ese punto de vista que mi padre pidió. No me ha hablado y no me interesa. Tengo un propósito y lo voy a cumplir. Y lo voy a cumplir. Mi padre me va diciendo que debo estar atenta a estos idiotas que son peor que perros rabiosos cuando a negocios se refiere. Por eso me quedo con mi padre. —Él estará. —Ya lo habíamos hablado, papá—sonríe no muy convencido. —Bastien no es un idiota, Claire. —Lo sé. —Y recuerda lo que te dije de los rumores. Bufo antes de mirar afuera de la ventanilla. He escuchado algunas cosas al igual que mi padre, todas van a qué Bastien y yo dejamos de tener la relación que teníamos porque yo me aleje y además estaba embarazada y que sólo buscaba eso de él. Gente que habla por hablar. Si supieran que no me aleje por eso. Pero estoy muy feliz con mi hijo y con la familia que he tenido hasta el momento. Salidas de fines de semana con Nathan a restaurantes con él y mi pequeño que muestra el parecido con su padre biológico. Aunque Samuel no ha empezado a decirle a alguien papá en específico, a mí me dice mamá y es la mejor sensación del mundo. La mejor. Sin duda alguna. Veo de nuevo la foto se Samuel y una sonrisa aparece en mis labios, ese es el pequeño por el que vale la pena todo esto, por él y por mí. Al arribar al evento vemos a los del servicio pedir las llaves del vehículo para llevarlo a estacionar, mi padre me dice algo que asiento. No es mi primer evento después de haber terminado todo con Bastien. Me engancho en el brazo de mi padre para seguir caminando con él mientras nos dirigimos a la mansión de los Willson. Son los mayores inversionistas de mi padre y venir representa algo importante en la comunidad que tienen, además de preservar la paz. En el interior hay grandes adornos florales a los que muchas mujeres miran como tema inicial de conversación mientras que los hombres hablan sobre las cosechas que nos brindaron la bebida de esta noche. Mi padre me ha hablado de diferentes temas de los que ya puedo entablar una conversación sin trabarme. —Un placer tenerte hoy, Bruce—saluda la dueña de la casa—. Y a tu linda señorita—le sonrío antes de recibir un apretón de manos. —No queríamos decepcionarte, Stella. Ella sonríe de una manera agradable y después nos pide disfrutar de la fiesta, se va con otro invitado para no sé qué. Mi padre se encamina con uno de sus socios y lo pierdo cuando empiezan a hablar de barcos y carabelas. Puntos débiles de mi padre. Niego antes de caminar en dirección a donde están las bebidas alcohólicas, hoy quiero alcoholizarme un poco, que bien o mal sea hay quien cuide de mi hijo, así que no debo preocuparme por eso. Ni por eso ni por nada. Mi padre sigue hablando con su socio cuando mis ojos encuentran al padre de Samuel, está muy cómodo con una rubia a su lado como si fueran la feliz pareja. Mi padre me dice algo y giro mi cabeza a él. —Cariño, él es Dixon Adams. Dueño de… —Export Air. Un placer. Sonríe al verme decir el nombre de su empresa, seguimos hablando por un rato y puedo notar que me siento bastante cómoda charlando con Dixon. No hace proposiciones estúpidas o comentarios idiotas sobre mi cuerpo o el color de mi vestido. —Creo que ustedes dos se entenderán muy bien—comenta mi padre antes de alejarse para dejarme conversar con Dixon. —California, ¿Eh? —Para ser más precisos de Oakland. —Es un lugar caluroso. —Algo… pero cuéntame algo de ti—dice con cautela—¿Qué estudias? —Negocios Internacionales—abre los ojos para luego darme una sonrisa muy bella. —Buena carrera—un joven pasa y Dixon no pierde la oportunidad para tomar dos copas—. Creo que Mercadotecnia Internacional no es gran cosa contra la tuya. —Te equivocas—digo aceptando la copa que me tiende—. Ambas carreras van de la mano. Mi padre regresa en un punto de la conversación y deja claro que yo tendré las riendas de la empresa dentro de unos años. La buena vibra que tenemos Dixon y yo hace que cierto individuo idiota se acerque con la rubia que cuelga muy cómodamente de su brazo. Ruedo los ojos cuando saluda como si no nos conociéramos y no tuviéramos un lazo fuerte en unión. Pero es mío totalmente. La rubia sonríe antes de saludarme, ella no tiene la culpa de que Bastien sea un idiota con dinero. De la nada siento la mirada de alguien sobre mí y no necesito girarme para saber que se trata de Patrick. Debería tener tantito pudor por saber que soy la madre del único nieto que tiene hasta el momento. Escucho mi teléfono sonar y una sonrisa cruza mis labios al ver la foto que Rousse me mandó. Samuel tiene abrazado a ese osito de peluche que tanto ama. —Escuche que tienes un bebé—dice la voz de Dixon. Elevó la vista del celular para darle una sonrisa que lo hace regresarmela al saber que esa información es cierta. Un ligero rastro de lo que sea aparece en los ojos de Bastien, me importa una reverenda mierda lo que piensa o sienta. Me hizo añicos y viví sola mi embarazo y por sola me refiero a cuidar de mi bebé. Sin él. —Tiene un año y un mes. —Pues ya no es un bebé totalmente—niego despacio. No. Ya no lo es. Es un niño grande que me dice mamá en cuanto me ve. —Iré al baño—aviso a mi padre—. Fue un placer conocerte, Dixon. —Lo mismo digo, Claire. Y… ¿Cómo se llama tu pequeño? —Samuel. Samuel Evans. /// Salgo del cubículo del baño cuando escucho la puerta abrirse, mis ojos se concentran en lavar mis manos que en la mujer qué… su maldito perfume llega a mi nariz antes de ver qué es él. Lo ignoro para después tomar una servilleta y secar mis manos con cuidado. Acomodo mi cabello con tranquilidad. —Samuel. Lindo nombre el que tiene nuestro hijo—una risa cruel sale de entre mis labios. —Es mío, señor Ivanov. —¿Tuyo?—pregunta con ese tono seductor y burlón—. Yo lo puse en tu vientre, Claire. —Y decidió no cuidarnos—digo en el mismo tono—. Lástima. Me doy la vuelta para verlo a la cara. Su expresión no me dice nada hasta que se acerca de una manera que me ha retroceder y detenerme por el maldito lavabo que hay a mi espalda. —Y me arrepiento de eso—arqueo una ceja antes de ver sus manos ponerse de cada lado de mi cuerpo—. Te extraño, Claire. Al principio creí que te olvidaría pero… no es fácil dejar de estar enamorado. Trago despacio. Muy despacio. Sus ojos son reflejantes de lo que me está diciendo. No. Tome mi decisión. —No te quiero cerca de mí o de mi hijo—digo fría—. Ya te lloré lo suficiente. Me saco de su agarre para caminar a la puerta, no le daré la satisfacción de verme de nuevo con él. Samuel no lo necesitó su primer año y mucho menos lo hará ahora. Su mano me sujetan antes de darme la vuelta y besar mis labios, no contesto hasta que mis sentidos me dicen que debo dejar de ponerle tantas trabas y… mierda. No entiendo cómo demonios termino pegada a la pared con su puerta entre las mías. Sus dedos se aventuran entre la abertura de la tela que cubre mis piernas, sus dedos tocan de manera sutil mi entrepierna y yo sólo… no. No puede ser tan traicionero mi cuerpo. Sube mis piernas alrededor de su cadera para seguirme besando y para que sienta el enorme bulto que hay debajo de sus pantalones. —No me… —Por favor. —No, y bájame—niega antes de volver a arremeter contra mis labios. Me baja para buscar algo en sus bolsillos, me da igual lo que esté buscando, no debí caer en sus besos, mucho menos dejar que me jalara de nuevo al baño, encuentra lo que busca antes de darme la vuelta y ponerlo en mi mano. No sé qué… un condón. Me está dando un condón. —Es en serio, Bastien—desliza sus manos por mi silueta. —Tu boca dice que no, pero esta—toca mi entrepierna que está más que mojada—. Me dice lo contrario y es a la que escucharé. Así que deja de quejarte. —Suéltame, hablo en serio. Bastien, no quiero coger contigo. —No te estoy preguntando—me doy la vuelta para encararlo. —Eso se llama violación—me quejo burlona. —Técnicamente vas a estar gimiendo de placer y no reusandote a que no continúe. Estoy por decirle un par de cosas cuando me vuelve a besar. Quiero alejarlo, decirle que se vaya al diablo como cuando él me mando a mí. En ese momento, tres sonidos fuertes se escuchan afuera, seguido de gritos de pánico. Disparos. Son disparos. Bastien toma mi mano antes de encerrarme en el baño. —No hagas ruido. —Bastien… —No voy a perderte. Cierra la puerta dejándome sola y con un miedo recorriendo mi espina dorsal. Samuel. Tengo que volver con Samuel. Mi bebé. Así que contra mi orgullo herido me quedo aquí, esperando que no sea nada malo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR