Capítulo 6: Entrevista y café

2907 Palabras
Narra Marnie: Después de comer algo en la cafetería, me voy a mi clase, o por lo menos trato de hacerlo antes de que un brazo me jale y me detenga. Frunzo el ceño y me quejo, me volteo a ver de quién se trata y me encuentro con Kevin cruzado de brazos. —¿Podrías explicarme qué fue eso que sucedió en la cafetería? Eso de: "acércate lentamente", "necesito tu ayuda" —pregunta frunciendo el ceño, sonrió nerviosa y luego suspiro. —No sé si sea buena idea contarte esto porque eres su amigo, pero... Quiero reconquistar a Stephen —digo achicando un poco los ojos, Kevin arquea la ceja y hace una mueca. —¿Y eso qué tiene que ver con hacer que quiera golpearme? —se queja haciendo gestos con sus manos. —Lo siento, no planeé que quisiera golpearte o algo, tú eres su amigo y eres el único "chico malo" que conozco en la universidad, yo sólo planeé que se acercara a mi y nos alejara —admito tratando de disculparme. —Marnie... Es obvio que aún le importas, quizás ya no quiera estar contigo como en una relación pero todavía le importas... ¡Y es obvio que si ve que me meto contigo va a golpearme! Tú lo conoces, le valdrá tres kilos de m****a que sea su amigo si se trata de ti —frunzo el ceño y me cruzo de brazos. —¿Cómo estás tan seguro? —Es hombre, somos así cuando nos importa alguien, y el hecho de que allá hace unos minutos quisiera golpearme lo demuestra —dice señalando hacia la cafetería—. El punto aquí es; si Stephen me golpea probablemente va a matarme. —Él no va a golpearte, Kevin —digo negando con la cabeza ante esa idea—. Mi plan no se trata de celarlo contigo o algo, sólo se trataba de hacer que se acercara a mi en ese momento. —¿Y ahora qué? —¿Y ahora que qué? —Ya se acerco a ti en la cafetería, ¿Qué es lo que sigue en tu "plan"? —pregunta haciendo comillas en la palabra. —No voy a decirte —digo provocando un bufido de su parte. —¿Por qué no? —Eres su amigo y podrías decirle algo. Además, ya te dije suficiente —alza una ceja y hace una mueca—. Debo irme a mi clase, nos vemos después, Kevin. Le sonrió de despedida y le pasó por un lado para dirigirme a mi clase. (...) Llego a mi departamento y lo primero que hago es correr hacia mi habitación y lanzarme a mi cama. Debo hacer unos cuantos proyectos para esta semana y lo único que quiero es dormir y ver películas mientras la compañía de alguien me hace masajes en el cuerpo. Pero no tengo tiempo, ni televisor, y Stephen me rechaza. Mi vida sigue siendo bastante triste. Oigo la puerta del departamento abrirse y me levanto a ver de quién se trata, achico los ojos y alzo las cejas cuando veo a Sophie entrar con bolsas a los lados. —Ven a ayudarme, estúpida —gruñe cuando se da cuenta que las bolsas pueden más que ella y que yo lo único que hago es mirarla sufrir. Rió y camino hacia ella, tomo unas cuantas bolsas y las coloco en la mesa. —¿Qué tanto compraste? —pregunto elevando una ceja mirando las bolsas. —Comida y un poco de ropa interior —frunzo el ceño y la miro—. Hablé con Daniel y vendrá este fin de semana, mañana es viernes así que vendrá muy pero muy pronto —dice con una sonrisa pícara. —¿Y por eso te compraste ropa interior? —pregunto con una sonrisa. —Será un fin de semana interesante... —dice sonriendo pícara, rió y comienzo a meter la comida en la nevera. —Aún no sé cómo es que fueron amigos con derechos por tanto tiempo y simplemente se alejaron así como así sabiendo que tenían sentimientos en común —digo haciendo una mueca, Sophie suspira y empieza a sacar la lencería de las bolsas. —Que te puedo decir, amiga. Éramos bastante estupidos —admite. Rió y destapo una botella de agua, bebo un poco y vuelvo a cerrarla—. ¿Qué tal te fue con Stephen hoy? —Mañana después de la universidad me ayudará con un proyecto que debo hacer. Será una entrevista, y créeme que será interesante —sonríe de lado y se sienta en el sofá. —¿Adónde irán para hacer la entrevista? —Aún no lo sé, me dijo que nos veríamos en el estacionamiento así que supongo que debe tener planeado a donde va a llevarnos. —¿Crees que pase algo más entre ustedes que un simple preguntas y respuestas? —me pregunta elevando una ceja, muerdo mi labio y me sonrojo un poco al pensar en ello. —No lo sé. Me encantaría, pero realmente no creo que algo pase. Sigue teniendo novia, ¿Lo olvidas? —Y dale con la novia —resopla y rueda los ojos—. ¿Has hablado con ella? —niego con la cabeza—. ¿Será una zorra o una de esas chicas que aspiran ser presidentas? —¿Aspiran ser presidentas? —pregunto frunciendo el ceño. —Ya sabes, ese tipo de chicas súper correctas que cualquier padre quiere para su hijo —responde enocogiéndose de hombros. —No sé que clase de chica sea, pero espero que no sea una mujer imposible de olvidar —admito mordiendo mis uñas. —Esa eres tú amiga —me reconforta guiñándome un ojo, suelto un suspiro. —Dile eso a Stephen. (...) Meto mis libretas a mi bolso y me dirijo a mi última clase del día. Hoy en la universidad ha sido todo bastante tranquilo, las clases no han sido tan aburridas y los profesores no han estado tan irritantes. Entro a mi salón y me siento, minutos después entra Kevin. —¿Cuantas clases tengo contigo? —le pregunto frunciendo el ceño. —Háblame, manubrio —dice con una sonrisa extraña, lo miro a los ojos y noto que esta drogado. Dios. —Primero; soy Marnie, no manubrio. Y segundo; ¿Qué m****a te fumaste, Kevin? —Algo verde —dice sentándose a mi lado y hundiéndose en el asiento—. O azul... No me acuerdo, Harrison. —¿Quién es Harrison? —pregunto arqueando la ceja. —El que vende empanadas afuera de mi casa —responde confundiéndome. —¿Y por qué me llamas Harrison? —Porque... —dice acomodándose y sentándose decentemente—. Él me cae bien y tu también me caes bien. —¿Y? —Relájate, Harrison es un gordito adorable —dice con una sonrisa rara, ¿Eso debe hacerme sentir bien?—. Aunque, debería dejar de comerse las empanas que vende —añade llevando un dedo a su boca. Ruedo los ojos y decido ignorarlo o la cabeza va a explotarme. Retiro lo dicho, no puedo ignorarlo si se pone a jugar con la tela de mi camisa. —¿Puedes comportarte? —me quejo alejando su mano de mi. —Me gusta tu ropa, se parece a una sábana que tengo —frunzo el ceño y hace una mueca—. ¿Sabías que Stephen no disfruta que seamos amigos? Creo que la conversación está tomando un giro interesante. —¿Por qué lo dices? —pregunto mirándolo atenta. —Porque... Él piensa que puedo ofrecerte drogas o algo... Es un estúpido —dice haciendo un gesto con su mano—. No te ofrecería drogas, te las vendería. Es bueno saberlo. —¿Cómo les ha ido después de lo que pasó en la cafetería? Creo que es una pregunta un poco difícil de responder si está drogado, ni siquiera creo que sepa de lo que le hablo. —¿Cuál cafetería? —pregunta achicando los ojos—. Oh... La cafetería... Hablamos normal, creo que estamos bien. —¿Crees? —No lo sé. Stephen es difícil de entender. Si a mi se me hace difícil entenderlo no me imagino a él que debe de pasar la mayor parte de sus platicas drogado. Suspiro y le coloco la capucha de su suéter cuando el maestro llega, al menos para cubrir un poco sus ojos rojos y su cara de "estoy en las nubes". (...) Espero pacientemente a Stephen en el estacionamiento cerca de su auto, no entiendo por qué se tarda tanto en salir, no creo que se quede hasta tarde haciendo alguna tarea o algo. Miro la hora en mi teléfono y trato de no desesperarme. Saco una de mis libretas y le hecho un ojo a las preguntas que tengo planificadas, luego la guardo cuando lo veo venir. —Dios mío, hasta que llegas —digo señalando los diez minutos de retraso que tiene. —Dios no es tuyo, pequeña..—se percata de lo que diría y sacude la cabeza—. Dios no es tuyo, Marnie. ¡Estuvo a punto de decirme pequeña saltamontes! Diablos, como extraño que sus labios pronuncien esa palabra. —¿Por qué te tardaste tanto? —pregunto montándome en su auto cuando me abre la puerta de el. Que caballeroso. —Estaba despidiéndome de Ana —responde sencillo, me quedo en silencio y lanzó su respuesta afuera del auto. Ignoraré que dijo su nombre. —¿Adónde iremos? —pregunto observándolo encender el auto. —¿Adónde quieres entrevistarme? Fuera malos pensamientos. Fuera malos pensamientos. —No lo sé, en un lugar un poco privado quizás —digo mordiendo disimuladamente mi labio inferior—. Iría a la casa de Kevin a entrevistarlo así que... ¿Que tal si vamos a tu casa? Tácticas de tácticas. Stephen me enseño hace bastante tiempo que todo es mejor en un espacio solos sin personas. Su habitación, por ejemplo. Aún recuerdo perfectamente todo lo que pasó allí. —No creo que sea buena idea, mejor vayamos a una cafetería —dice poniendo el auto en marcha. Borro la pequeña sonrisa que tenía y asiento sin ganas. Recuerda, Marnie. Tus lecciones; no importa cuantas personas haya ni cual sea la situación, si lo intentas y hay ganas, pasará. ¿Recuerdas aquellos siete minutos en el paraíso, querido Stephen? Era un closet, estabas molesto conmigo y afuera habían varios adolescentes alocados. Y aún así, lo hicimos. Así que... No importa a donde vayamos. Bajamos del auto al llegar. A esta cafetería nunca había venido antes, y la verdad es que no me sorprende, no soy amante del café y tampoco de las cafeterías, aunque aún así, no comprendo porque siempre termino yendo a una. Nos sentamos en una esquina en una mesa para dos. Uno frente al otro. Le sonrió de lado pero sólo dirije su mirada al menú ignorándome. —Si sería así de incómodo hubiese sido mejor que me dejaras entrevistar a Kevin —digo alzando las cejas. —¿Desde cuando ustedes son amigos? —me pregunta arqueando la ceja. —La de las preguntas soy yo —digo sacando la libreta de mi bolso y poniéndola en la mesa—. ¿Listo para empezar? —Déjame pedir algo de comer, la ansiedad me da hambre —dice llamando a una camarera, ruedo los ojos y espero a que haga su pedido. —¿Ya? —pregunto cuando la camarera anota su pedido, asiente y me hace un gesto para que empiece—. Bien, ¿Cómo te describirías sentimentalmente ahora? —pregunto mirándolo con atención, lleva su mano a su mentón y se queda en silencio unos segundos. —¿Desde cuando quieres ser entrevistadora? —pregunta frunciendo el ceño, bufo. —Te dije que yo hacía las preguntas, ese tema lo podemos dejar para otra salida —sonríe ante mi pequeño estrés y me mira por unos segundos. —¿Otra salida? —arquea la ceja y sonríe a medias. No te dejes caer con su sonrisa, se supone que él debe caer ante ti... —Responde la pregunta, Stephen —digo ignorando su tan adorable sonrisa. —¿Cuál era la pregunta? —inclina la cabeza y me mira, ruedo los ojos e intento no estresarme. —¿Cómo te describirías sentimentalmente ahora? —repito con claridad. —Pues... Bien, aunque no excelente. —¿Qué te hace falta para llegar a lo que llamas "sentirte excelente"? —Muchas cosas —responde mirando hacia el mantel frente a él. —Dime una —pido esperanzada. —Una hamburguesa —responde levantando la mirada y chocando sus ojos con los míos. Ay por dios. —Bien... ¿Qué es lo que ahora te hace más feliz? No digas tu novia, no digas tu novia, no digas tu novia. —Leer los mensajes de mi madre en la mañana diciéndome que tenga un buen día —dice con una sonrisa de lado volviendo a mirar hacia el mantel. —¿Qué es lo que te hace más triste? —El hecho de que aún no me traen una hamburguesa —dice volteándose en la silla y buscando a la camarera con la mirada. —¿Cuanto tiempo llevas con tu novia? —pregunto tomándolo un poco por sorpresa. —Casi un año. —¿Qué es lo que más te gusta de ella? —Que no se ha ido a otra ciudad. Auch. —¿Cuál consideras que ha sido la mejor etapa de tu vida? —Hace tres años. —¿Por qué? —Estaba con alguien increíble. Trago fuerte y parpadeo tratando de no dejarme caer en nostalgia. —¿Si pudieses cambiar algo en el pasado, que cambiarías? Y aquí vamos hacia la nostalgia. —Nada. Lo qué pasó antes nos tiene en el lugar donde estamos ahora —responde cruzándose de brazos. Suspiro y continuo. —¿Prefieres el antes o el ahora? Se queda en silencio unos segundos y hace una mueca. —Ambas etapas han sido increíbles —responde recibiendo la hamburguesa que le trae la camarera—. ¿Quieres? —me ofrece mirándome, niego con la cabeza. Algunos hábitos no se pierden. —¿Extrañas algo de tu pasado? —Tengo lo que necesito —responde dándole un mordisco a su hamburguesa. —¿Has hablado mal de mi con alguien? —Jamás lo haría. —¿Cuando fue la última vez que tuviste sexo? —Hace dos días. ¡Ja! Conmigo lo hacías todo los días. —¿Haz pensando en dejar a tu novia? —pregunto elevando una ceja, me mira pero no responde. —¿Dónde está el botón que debo apretar cuando no quiero responder? —pregunta mirando por debajo de la mesa. Lo tomaré como un si. —¿Le compras lencería a tu novia? —curioseo con bastante interés, tose y luego toma un poco de agua. —No —responde medio atragantado, sonrió. —¿Por qué? —Me recuerda cosas que no debería recordar cuando estoy con ella. —¿Le haz hecho el amor? —frunce el ceño y deja de comer. —¿Qué clase de entrevista es esta? —Responde —insisto inquieta. —Sí. Haré como que dijo que no. —¿Alguna vez la has llamado por un nombre que no sea el de ella? Como Marnie o pequeña saltamontes, por ejemplo. —No. —¿Con quién ha sido el mejor sexo que has tenido? —tose de nuevo y desvía la mirada. —¿Qué son éstas preguntas? —Debo pulir todo lo que sea necesario, quizás en un futuro me toque entrevistar a estrellas porno —me encojo de hombros y lo miro fijamente. —No voy a responder eso. —¿Por qué? ¿Porque fue conmigo? —digo acercándome a él en la mesa, traga fuerte y se levanta. —Creo que ya tienes bastante para tu proyecto —dice sin mirarme, sonrió de lado y me levanto de la mesa también—. Voy a pagar, si quieres puedes irte. —Te espero —digo con una sonrisa, asiente no muy de acuerdo y se va por un momento. Esa si que fue una buena entrevista. Aunque no conseguí todo lo que quería. —¿Tienes quien te lleve? —me pregunta después de pagar. —Tomaré un taxi —digo esperando a que sea tan caballeroso y me diga que puede llevarme. —Bien, nos vemos después —se aleja de mi y camina hacia la salida. Creo que alguien se incomoda con mi presencia. Que bien. —¡Stephen! —exclamo saliendo detrás de él, se detiene y me mira—. Gracias —digo acercándome lentamente hacia él, al hacerlo puedo notar como se tensa. —No es nada —dice alejándose un poco. Sonrió y lo miro a los ojos, me acerco lentamente a él nuevamente y deposito un beso en su mejilla. Su mandíbula se tensa al igual que todo su cuerpo. —Sé que no te gusta cuando me voy sin despedirme —murmuro cerca de su rostro, traga fuerte pero se queda en silencio. Sin decir nada más y contemplando como se pone nervioso, me alejo de él y voy por un taxi.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR