Nunca había hecho esto antes. He estado con muchas mujeres, pero nunca he tenido la urgencia de acurrucarme junto a ellas después. El cuerpo suave, blanco y curvilíneo de Ariana se acurruca entre nuestros músculos ondulantes, que la encierran como una fortaleza. Tiene los ojos cerrados, saciada, y tiene una sonrisa dulce en su rostro. Una extraña oleada de protección y cariño me invade el pecho y, al mirar la cara de mi gemelo, sé que él también lo siente. Es nuestra princesita, nuestra inocente y mimosa niña. Tomamos su virginidad, la poseemos como nadie más lo ha hecho. Y si depende de nosotros, nadie más lo hará. Jack le aparta suavemente el pelo de la cara mientras le beso el hombro. Ariana suspira, temblando. -Eso... eso fue... empieza, pero busca las palabras. -¿Una locura? ¿Aluci

