Tardé menos de diez minutos en alistar un pequeño bolso con lo necesario para el viaje, dónde quiera que este fuese. En el bolso había metido todo tipo de ropa (pantalones de jeans, blusas, camisetas, faldas, pijamas, mucha ropa interior, entre otras cosas). Exhalé un extenso suspiro, sentándome en la cama. No deseaba pensar en cosas o situaciones sinsentidos. Bastante marañoso tenía la mente como para sumarle otras reflexiones que aún no sabía cómo procesarlas. Sin embargo, debía de reconocer que desde que convivía con Eliot, toda mi vida había dado un giro de 180° y no, no era como si antes de conocerlo tuviese algo relevante que hacer. Todo era monotonía hasta que llegó él. La verdad era que tampoco quería pensar en todo lo que había pasado entre nosotros. Además, era evidente que nue

