—Perdon.— Lola muerde su labio inferior haciendo un pequeño gesto con la cabeza. Siendo imposible que oculte el rubor en sus mejillas al volver a posicionarse frente al morocho, y observar cómo es que él la espera con aquella sonrisa radiante en su rostro. —El que debería de pedir disculpas soy yo, siempre vengo a la misma hora a molestarte y a interrumpir tu trabajo.— Sonríe de manera amistosa y señala el lugar con uno de sus dedos. Ella no hace más que acomodar su cabello detrás de su oreja, y negar con la cabeza restandole importancia, queriendo gritar a los cuatro vientos de que está por demás contenta de que él se haya quedado y no hubieran tenido que posponer la charla que ambos estaban teniendo. —No venís a molestar, incluso, es gratificante tener un poco de visita en el medio
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