Capítulo 3. Un reemplazo para no pensar en ti. Damián estacionó su auto en su sitio habitual frente al club. Bajó con la seguridad que lo caracterizaba, acomodándose la chaqueta mientras cruzaba la entrada del bar más exclusivo de la ciudad. Aquí era donde solía encontrar el escape perfecto cuando lo necesitaba, y en ese momento esa distracción era necesaria. La música vibraba en el aire, el aroma a licor y perfume costoso llenaban el ambiente. Su presencia no pasó desapercibida por ellas. Todas las mujeres ahí presentes lo miraban sin cesar, algunas con descaro, otras con coquetería calculada. Sabían quién era él, sabían lo que podían ofrecer, y muchas lo deseaban sin siquiera un esfuerzo de su parte. En ese lugar era muy conocido lo que el señor Steele provocaba en sus parejas. Pero e

