Capítulo 29. Una mente entre las sombras. El ambiente en el Steele Imperial había cambiado. El aire estaba cargado de un silencio denso, casi respetuoso, como si el edificio supiera que algo se estaba gestando en su interior. A simple vista, todo parecía funcionar con la perfección habitual: recepcionistas atentos, ejecutivos circulando con sus carpetas, clientes satisfechos en los salones de mármol blanco. Pero bajo la superficie, las piezas se movían en un tablero que pocos sabían que existía. Nadie podía verlo aún, pero algo en el aire se sentía diferente. Una corriente subterránea recorría los pasillos, silenciosa, como una advertencia antes de la tormenta. Natalia Ferrer cerró la puerta de la suite presidencial detrás de ella con un leve suspiro. El sonido del picaporte encajando

