Apartó la mirada momentáneamente mientras se ahuecaba el pómulo, y Lena se dio cuenta, horrorizada, de que en realidad no le había hecho mucho daño. Se dio cuenta de que Renz había movido la cabeza por sorpresa, no por dolor. Y cuando volvió a mirarla a los ojos, su expresión ya no era de enojo. En cambio, era peligrosamente lujurioso. "Te deseo, Lena. Y sé que tú también me deseas", dijo Renz. Lena negó con la cabeza con furia y levantó la mano para abofetearlo de nuevo, pero Renz la sujetó por la muñeca. "No quiero tener nada que ver contigo, nunca más", dijo Lena con voz temblorosa. Intentó apartar la mano, pero Renz la sujetaba con firmeza. Y su tacto era muy evocador. Lena ni siquiera se había dado cuenta de que sus muñecas eran zonas erógenas, pero sintió que su humedad fluía con

