En silencio cierro la puerta, aún oyendo sus bramidos al otro lado. Tengo un coraje que... ¡Ahg! No puedo explicar la rabia que me da esto. Yo que le di todo lo que podía y todo lo que tenía para ofrecerle. Me tragué mi carácter, mi respuestas mordaces, mis peleas hasta mi orgullo por él, por ser comprensiva, empática, buena esposa, buena mujer. ¿Acaso es tan necio como para no darse cuenta de lo que doy a diario por él? No merezco ni de asomo su trato. No quiero normalizar sus extralimitaciones. No voy a permitir que me cele, que me amedrente, que me controle o que me manipule. Me muerdo el labio descargando en parte el enojo. Esto es una basura. Esto dejó de ser mínimamente sano y no es bueno para nadie. Avanzo por el patio y salgo de la propiedad. Camino un par de m

