Alexander volvió junto a su amada Flor, contándole que esas mujeres habían abandonado el país, Flor se sintió en paz, ya que temía por su hija y nieto. Ambos decidieron ir a casa de Bruno para contarles lo que había pasado, y que Alexander se había cerciorado de que ellas abandonaran el país. Los momentos de felicidad por fin habían llegado a la familia. —¡Bienvenidos a mi casa, pasen por favor! —Gracias. —Dicen ambos. —Rosalinda está cambiando a nuestro hijo. —Iré a ayudarla. —Flor sube hasta la habitación de pequeño— Como están mis amores— Dice al entrar. —Mami, que bueno verte de nuevo, ¿Cómo estás? —¡Bien cariño! Por fin ellas se fueron y nos dejarán en paz. —Ojalá que sea de esa manera, esas mujeres son malas. —Te aseguro que ni entre ellas se toleran, pero por fin puedo dorm

