ROSALINDA Tengo el número de Beatriz en mis manos, no comprendo por qué hasta ahora quiere pedirme perdón, algo no encaja, Bruno me dijo que la vio bien arrepentida, cosa que no creo, no es que dude de mi esposo, lo que pasa que yo sé bien quienes son ellas. Medito en que hacer, si no me reúno con ella tendrá más excusa para ver a mi hombre, sé tener una pequeña pista para donde va todo esto. Marco el número. —Halo. —Es ella. —Beatriz. —Rosalinda eres tú. —Cambio de inmediato el tono de su voz. —Si, ¿Qué quieres y porque me buscas? —Quiero que hablemos, hermanita. —Tú y yo no tenemos nada de que hablar, ¡Por favor no me digas hermana! —Espera, no me cortes la llamada, realmente estoy arrepentida, por favor hablemos dime el sitio y yo voy. —Ya te escuché, no hay nada de que hablar,

