Ya se escuchaban las trompetas, anunciando la entrada de Mildred, no es por presumir, pero lucía hermosa en uno de mis vestidos de la colección de novias, aquello me hizo sentir también que una lagrima de felicidad resbaló por mi mejilla, nunca pensé que aquel sueño de una pequeña niña de seis años llegara a convertirse en realidad en una que me superó por mucho. Sus pasos fueron lentos y al mismo tiempo rápidos, la mirada la tenía fija en aquel hombre que pronto sería su esposo, tenía una sonrisa cargada de nervios y sus ojos estaban acuosos. No tenía a su padre con vida por lo que su hija fue quien la llevó del brazo. La ceremonia se celebró en la mañana para que yo pudiera asistir a la fiesta, ya que con los niños no puedo estar hasta altas horas de la noche con ellos fuera. Todo e

