Me sonrojé un poco al pensar en lo que podría estar pensando mi madre estando Raphael en mi habitación —deberías… —deja que te ayude con eso— no dejo que terminara de hablar, no quería escuchar que le dijera que saliera, porque justamente esas eran las palabras que iba a utilizar. Se quito su saco, arremango su camisa, se quito la colbata y se asomó hasta la bañera, tomó la esponja y vertió un poco del gel que estaba en el estante, se colocó en cuclillas, fijo su mirada en mi para luego proceder a estrujar partes de mi cuerpo, sus movimientos eran suaves y circulares, haciendo crecer mi libido de una forma descontrolada y esto no pasó desapercibido ante el ya que no paraba de reír —¡ya basta Raphael! — detuve su mano —detente, aquí no— mire sus ojos los cuales me miraban cargados de

