Los primeros rayos del sol salieron mientras nuestros cuerpos sudaban aun en el piso, dando por terminado nuestro último encuentro de lo que fue una madrugada placentera. Fuimos al baño para asearnos, Raphael fue el primero en salir y preparó un rico desayuno con lo poco que se encontraba en la nevera para segundos después despedirse. —¡no lo puedo creer!— Kathleen estaba anonadada tras escuchar mi relato mientras tomábamos una taza de café —¿también lo hicieron en el sofá?— preguntó asqueada —de hecho… —¡eres una pervertida!— se puso de pies fingiendo indignidad —¡no lo puedo creer!,te lo estrenaste primero — asentí Mire el reloj que marcaba las ocho menos cuarto —debo irme — si me iba ahora tendría tiempo suficiente para llegar a la casa justo antes de que mi madre despertara

