Aparque el auto en la entrada del imponente hotel y le entregue las llaves al valet parking y con pasos pausados, coquetos y firmes entre al lobby donde dije mi nombre y enseguida me llevaron hasta el salón donde se llevaba a cabo el evento. La decoración era a la altura, ambientado en las tres características de las champagne, cada uno está bien representado y hacía contraste con los colores de la botella. —¡aquí estás! — —¡señor Ressler! — nos saludamos —ven, quiero presentarte a Rodrigo, el propietario del consorcio y quien ha quedado encantado con tu trabajo— me extendió su mano y la tome, iniciando así una travesía ante las personas que estaban ahí hasta encontrar al señor Rodrigo. — Allí está, es ese del traje gris— mire pero no pude verlo — No lo veo— seguí buscando

