Capítulo 38

787 Palabras

Luego de cuatro horas de vuelo y el afán del día mi cuerpo estaba agotado, pero aún me faltaba una hora y media de camino para poder llegar hasta donde se encontraba Ana. Conduje por las calles Parisina iluminadas por la luz de la luna y algunas farolas encendidas, extrañaba este país, no voy a negarlo, pero amo a Ana y no me arrepiento de irme lejos de aquí para estar junto a ella. Llegué al hotel y le pedí a la recepcionista que le dije a Ana que bajara por cualquier pretexto que se le ocurriera para poder darle la sorpresa. Ella dudaba de querer hacerlo, así que como ya era de mañana, la llame para darle los buenos días y le pregunté sobre su estaba ansiosa por lo del desfile y mencione su nombre para ver si eso la convencía y efectivamente si la convencí. —¡Buen día! — saludo al acerca

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