El corazón me latía a mil por semejante susto, eso se debía por pensar en voz alta, maldita sea. De seguro que hasta mi rostro había perdido el color. Adrián se echó a reír mientras que yo lo fulminaba con la mirada, queriendo matarlo. Él alargó su mano para tocar mi mejilla, pero en el acto, la alejó rápido, cómo si le quemara.
—Estás hirviendo. Maldita sea—espetó, y tomó mis hombros llevándome al sofá más cercano para que me sentara—. ¿Te duele algo?
¿Por qué estaba tan preocupado? Sólo había amanecido con fiebre, no era nada del otro mundo. Pero tenía que confesar que mi amigo era muy dramático, así me cortara un poquito el dedo, hacia drama por ello. Puse los ojos en blanco.
—No, sabes que es normal en mí, sólo tengo calor—dije, recostando mi espalda del sofá. Él asintió no muy seguro.
—Te traeré té.
—¡Por favor! Me encanta tu té. Hace magia—dije, y era verdad. Su té hacía que de inmediato la fiebre bajara. Siempre quise saber su truco, pero Adrián lo ocultaba muy bien.
Una sonrisa aparece en sus labios, y se va del salón a la cocina. Yo me levanto a encender el pequeño televisor frente a mí, poniendo Lee Daniel's Star, una de las series que más veía de Fox. Sin duda era una de mis favoritas, su trama me encantaba, y también las canciones. Mi amigo apareció poco después, con una taza blanca en sus manos que humeaba. Y desde aquí, podía oler lo rico que era. Me la tendió y la acepté rápidamente, soplando para poder tomar.
Adrián se sentó a mi lado, viendo la serie interesado. Yo empecé s tomar poco a poco el té, haciendo que la calor en mí se fuera disipando poco a poco.
—¿Recuerdas algo de anoche? —me pregunta y enarco mis cejas mirándolo seria.
¿Qué iba yo a recordar? En mi memoria no había ningún indicio de recordar algo importante. Sólo me acosté a dormir junto a él y listo, más nada. Dada la casualidad que anoche no tuve ninguna pesadilla, eso era bueno, pero no...
No recordaba nada importante.
—¿Qué voy a recordar? —pregunté, mirando al frente de la televisión.
—Ahh, nada—dijo. Okay, eso fue muy extraño, pero no le dije nada.
Su teléfono comenzó a sonar cómo si no hubiera un mañana, se disculpó y salió a no sé dónde a contestar la llamada. Yo dejé la taza de té en el fregadero, y nuevamente fui a la sala a terminarme de ver el capítulo de Star que daban.
...