—Lo que haces…—digo con la voz temblorosa—No te...no te servirá de nada. Chasquea los dedos y yo me remuevo en la silla al ver cómo la mesa metálica para cirugía se acerca a nosotros. El demonio toma un torniquete y me sonríe una vez más. —No sé en dónde están las lla… —Entonces lo averiguaremos—sisea él y se ubica delante de mí. Me toca la sien con la punta del artefacto y yo cierro los ojos—Dicen que los humanos son frágiles. Veamos de qué estás hecha. Aprieto los labios con toda la fuerza posible. No quiero llorar, no voy a hacerlo. En este momento solo me viene a la cabeza las palabras de Aaron, el saber defenderme de los demonios, el ser capaz de poder llegar a formar parte de los Exorcistas algún día. Escucho el sonido agudo de algún objeto de tortura. Todo mi cuerpo tiembla

