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1662 Palabras
No me movía, mantenía mi vista clavada en la puerta de mi casillero... petrificada. Inhalé con todas mis fuerzas tratando de tranquilizarme o haré el ridículo delante de él, y eso es lo menos que quiero hacer ahora. Con la mirada en mis zapatos me giré con lentitud para darle la cara, siempre con la mirada abajo, hay que demostrar respeto hacia su persona o sino recibías tu merecido a la manera que solo Víktor Vinogradov sabe hacer. - Lo siento... - susurré nerviosa - no volverá a pasar - Mira niña - sentí su aliento a cigarrillo cuando habló tan cerca de mí - puede que me coja a tu prima, pero eso no te da el derecho de mirarme - gruñó en mi rostro Mordí mi labio nerviosa, tenía miedo de este hombre, nadie se atrevía a enfrentarlo o a llevarle la contraria y si lo mirabas a los ojos...acabas de cavar tu propia tumba. Sus ásperos y gruesos dedos se posaron con violencia en mi barbilla haciéndome daño soltando un gemido de dolor. Mi rostro fue alzado con rapidez hacia el suyo. Sus indiferentes ojos carentes de emoción se clavaron como estacas sobre los míos enviando una corriente eléctrica por todo mi cuerpo haciéndome estremecer en mi lugar. Su otra mano retiró mis gafas de mi rostro, tuve que pestañar varias veces para adaptar mi vista y aún así lo veía todo borroso. Si no me soltaba iba a llegar tarde a clase, nunca he faltado a ningún turno de clases, siempre soy la alumna sobresaliente, ejemplar, nunca he sido señalada por ningún profesor, soy una buena estudiante. Lo miré rogándole con la mirada que me dejara ir pero al parecer nada causaba efecto en él. Su mano abandonó mi barbilla para dar un fuerte empujón en mi hombro, tan fuerte que mi espalda escoció cuando impactó contra el casillero reflejando en mi rostro la molestia por el dolor. Tuve que sostenerme de la puerta del casillero para no perder el equilibrio y caer al suelo. Eché mi cabello hacia atrás para poder ver mejor ya que este debido al empujón y el impacto se había salido de lugar. Con timidez y muy pálida por primera vez observé el color de sus ojos, azules claros que adornaban su rostro embravecido. Cómo es que alguien tan malo, seco puede tener tanta belleza y a la vez estar vacío por dentro. Desvíe mi vista de sus imnotizantes ojos hacia la mano que sostenía mis gafas, al parecer no tenía intención de devolvérmela, lo miré de una manera que comprendiera que las quería de vuelta, sin ellas no puedo ver. - Me l..la dev..vuelmes p.por favor - titubié al hablar, las palabras salían intendibles por lo nerviosa que estaba y con el miedo a flor de piel. Mis lágrimas amenazaban con salir, si lo sé, soy débil en todos los sentidos, tanto física como mental, después de tantos malos buches tragados aún no me adapto a este trato tan...humillante. Una maquiavélica sonrisa de lado asomó en su rostro transformándolo en solo maldad pura, lo que se avecinaba no era nada bueno, lo podía presentir. Estiró la mano que contenía mis gafas poniéndola frente a mí, con duda la miré, no confiaba en él. Lo siguiente que sentí fue un crujido, algo quebrándose, una lágrima salió de mi ojo derecho, que hice para merecer me esto. Entre sus dedos se encontraba mis gafas, rotas, quebradas si se le podía llamar gafas. Algunos cristales se habían incrustado en su piel, pero al parecer eso no le importó ya que no mostró...Nada de su parte. - Estás advertida Riddell - su voz gruesa me heló la sangre - no me mires más o recibirás algo peor. Los trozos de lo que una vez fueron mis gafas cayeron de su mano, las había tirado, como si fuera basura, bueno básicamente lo es, ya no sirve para nada. Su musculosa espalda se puso en mi campo de visión cuando se giró para retomar su camino a no sé dónde. Cuando estuve segura que no volvería fue que pude estar tranquila. Pq??? Me agaché en el suelo para recoger mis rotas gafas, lágrimas salieron de mi rostro. Ahora que hago? Estas gafas fueron compradas por mi madre de un pequeño ahorro que hizo hace tres meses, ahora como le digo que están rotas? No tengo cara para decirle una cosa así a ella, trabaja mucho para recibir de mi más problemas de los que tenemos. Sequé mis lágrimas con la manga de mi abrigo mientras echaba lo que quedaba de las gafas en la mochila. No podía ir a clases, después de todo el profesor no me dejará entrar, ya es muy tarde. Guardé una vez más los libros en el casillero para poner la clave y cerrarlo, coloqué mi mochila en mi hombro a la vez que salía de la universidad hacia el patio trasero. El gélido aire golpeó mi rostro en cuanto puse un pie fuera, mi cuerpo tembló ligeramente debido a eso. Caminé hacia una de las bancas para colocar la mochila en el suelo y sentarme. Recosté la cabeza sobre la mesa, aunque tenía frío prefería estar aquí afuera que bajo su mirada, siempre a sido así, desde que mi prima me lo presentó como su novio oficial siempre ha mantenido la misma seriedad y misterio. Las horas fueron pasando hasta que sonó el timbre del recreo, me levanté e ingresé a paso rápido al interior de la universidad, el frío me estaba matando y con ella las ganas de ir al baño. Esquivando cómo pude a todos aquellos que salían despavoridos hacia la cafetería logré llegar al segundo piso donde se hallaba él baño. Estaba desolado, todos estaban en la cafetería o eso supuse, unos ruidos extraños provenientes del baño me alarmaron. Quien podría ser? Si soy toda una curiosa, se podría decir que esa es mi defecto, pero que esperaban, nadie es perfecto. Con mucho sigilo me fui acercando al cubículo de damas, lugar de donde provenía ese ruido. Mientras más me acercaba a la puerta, más se iba aclarando el ruido, que no era un ruido cualquiera sino...gemidos? La puerta del baño de damas estaba entreabierta dejándome un poco de visión a lo que estaba sucediendo allí adentro. Mis ojos se abrieron desmesuradamente mientras llevaba mis manos a mis labios ahogando un gritó de asombro y sorpresa. Maldita la hora en que vine aquí. No daba crédito a lo que veía, mi prima sentada abierta de piernas en el lavamanos, con la blusa rasgada dejando sus pechos operados al aire, su cabello Ross alborotado, su maquillaje corrido y su boca abierta de dónde salían sonoros gemidos de placer. Y él... El la estaba follando como todo un animal!!! Me mataba la vergüenza y la pena, no había visto nada igual sus embestidas eran bestiales, sus nalgas se contraían cada vez que arremetía contra ella y la imagen fue vi fue borrosa. Pero al contrario de ella él no gemía, sino...gruñía?, Todo un animal. Sorpresa y asombro era lo que había en mi rostro al ver, como, cada embestida que daba el lavamanos se rajaba, se estaba rompiendo...esto es brutal, una bestia es lo que es. Moví mis piernas torpemente tratando de irme de esta horrible erótica escena pero, mis piernas me fallaron por el nerviosismo, haciendo que cayera de bruces contra el suelo del interior del baño de damas. Caí a cuarto patas como aquel que dice en la escena del crímen, tapé mis ojos con mis manos mientras me reincorporaba torpemente de mi patética caída. - L..lo si.. siento no qu...quería interrumpir so..lo quería ir al baño - hablé rápido trabándome en ciertas palabras - Pero mira que tenemos aquí... Sentí cierta burla en sus palabras, entreabrí un poco mis dedos pero a la velocidad de la luz los volví a cerrar al darme cuenta que aún no se había subido los pantalones y tenía aquella....cosa al aire. - Acaso querías ver cómo me follaba a tu prima? - dijo arrogante - N..no yo s..solo... - me interrumpió Algo frío se plantó en mi frente, lo sentía, algo metálico, me comencé a asustar. - Abre los ojos..pasmona. Demandó potente, parecía enojado, y quien no, le había arruinado su polvo. - Amor ella es solo una niña - dijo burlona - no sabe nada de esto, ni siquiera a dado su primer beso - río con arrogancia - Por eso, ya es hora de que vaya aprendiendo...no es así Riddell? Asentí rápidamente, tenía miedo de que él me hiciera algo. Con lentitud fui retirando la mano de mis ojos descubriendo que lo que tenía en mi frente era una pistola. Una pistola!!! Clavé mi vista en el techo, no quería mirarlo aún con su cosa afuera y a mi prima aún abiertas de piernas, porque me pasan estas cosas a mí? Retiró la pistola de mi frente mientras se dirigía a mi prima una vez más, lo otro que hizo no sabría decir ya que cerré los ojos nuevamente. - Mírame! Me estremecí ante su grito, abrí mis ojos y con miedo los clavé en su persona. Me iba a traumar de por vida. Si antes no lo juzgaba por su fachada de chico malo y criminal, ahora se que lo es, no es sólo una fachada, Viktor Vinogradov es malo y peligroso. Lo odiaba por destrozar las gafas que me había regalado mi madre y ahora a aumentado mí odio por lo que me está obligando a presenciar. Estaba de pie frente a mí, sus brazos pasaban por la parte trasera de la articulación que une la pierna y el muslo, si, la rodilla, teniendo a mi prima abiertas de piernas totalmente mientras su m*****o entraba y salía violentamente. Asco era lo que sentía en estos momentos. Asco por Viktor Vinogradov y su maldad y sadismo. - No querías mirar - jadeó - ahora tendrás una vista en primera plana....
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