QUINCE —Señor Ibarra, hay un hombre en la puerta que desea verle inmediatamente. —¿Quién es, Carmela? ¿No tienes su nombre? —No, —responde el ama de llaves. “Se lo pregunto, pero no me lo da. Sólo dice que es muy importante, y que se trata de la señorita Anabel”. —¿Qué? Perturbado, Ibarra despide a la mujer. “Yo me encargo de esto, Carmela”. Abre la puerta de entrada exigiendo: “¿Quién es usted? ¿Qué quiere?” —Necesito hablar con usted de un asunto grave relacionado con su hija Anabel. —¿Cómo conoce a mi hija y qué le da derecho a venir a mi casa sin ser invitado? —Me llamo Dr. Víctor McMillan. Déjeme entrar y le explicaré. McMillan hace uso de todo su porte profesional para mantenerse tranquilo pero firme. Reticente pero curioso, Amador permite que el doctor entre y le lleva a su

