—Disculpa si te llamo de repente y fuera de tiempo, pero quisiera saber si aún no tienes pareja para el evento de mañana —dijo, avergonzada. Tal vez Jay ya tenía alguien más con quien ir y ella era una molestia en ese momento. —¡Sí! —¿Sí? —respondió, decepcionada. —Digo no, no tengo pareja para ir y sí, puedes ir conmigo todavía. —Rió de nuevo. —¿De verdad? No quisiera que te sintieras presionado y esas cosas. —Claro que no, Julieta. Esperé toda esta semana a que cambiaras de opinión, y si tú no ibas, yo tampoco asistiría, pero al parecer valió la pena la espera. —La rubia sonrió ante sus palabras. —De acuerdo, gracias por invitarme. Te veo el domingo —agradeció. —Claro, paso por ti —se despidió y colgó. Julieta suspiró, convenciéndose a sí misma de que lo que hacía estaba

