Sus ojos negros profundos se abrieron un poco más cuando se encontraron con los delicados orbes azules brillantes de Julieta. Su mirada recorrió su cuerpo, vestida con el hermoso y elegante vestido rojo, lo que le hizo reflexionar sobre lo hermosa que estaba. —Demian... —musitó, bajando la mirada. —¿Qué haces aquí? —La razón regresó a su cabeza—. Te dije que no salieras. —¡Julieta! ¿Estás bien? —Jay corrió hacia ella. —Señor Bradley —saludó cortésmente, sin dejar de mirar a la rubia. —Sí, lo estoy, gracias por preocuparte. —Sonrió ligeramente. —¿Viniste con él? —la voz de Demian sonó reprobatoria—. Contesta, Julieta. La rubia cerró sus ojos y, al abrirlos, se dirigió a Jay, apenada. —¿Puedes permitirme hablar con el señor Demian a solas? —Julieta sabía lo que sus palabras hac

